
Pbro. Lic. José Luis Salinas Ledesma
Presidente de la Comisión Diocesana de Pastoral Profética
(Invocación al Espíritu Santo)
1. LECTURA DEL TEXTO BÍBLICO (Ef 1,-14)
Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, al pueblo de Dios que está en Éfeso y cree en Cristo Jesús. A ustedes, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y Jesucristo, el Señor.
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que desde lo alto del cielo
nos ha bendecido en Cristo
con toda clase de bienes espirituales.
Él nos eligió en Cristo
antes de la creación del mundo,
para que fuéramos su pueblo
y nos mantuviéramos
sin mancha en su presencia.
Movidos por su amor,
él nos destinó de antemano,
por decisión gratuita de su voluntad,
a ser adoptados como hijos suyos
por medio de Jesucristo,
y ser así un himno de alabanza
a la gloriosa gracia
que derramó sobre nosotros,
por medio de su Hijo querido.
Con su muerte, el Hijo,
nos ha obtenido la redención
y el perdón de los pecados,
en virtud de la riqueza de gracia
que Dios derramó
abundantemente sobre nosotros
con gran sabiduría e inteligencia.
Él nos ha dado a conocer
su plan salvífico,
que había decidido
realizar en Cristo,
llevando su proyecto salvador
a su plenitud
al constituir a Cristo
cabeza de todas las cosas,
las del cielo y las de la tierra.
En él hemos sido hechos herederos
y destinados de antemano,
según el proyecto de quien todo lo hace
conforme al deseo de su voluntad.
Así nosotros, los que tenemos puesta
nuestra esperanza en Cristo,
seremos un himno
de alabanza a su gloria.
Y en él también ustedes,
los que recibieron la palabra de la verdad,
la buena noticia que los salva,
al creer en Cristo han sido sellados
con el Espíritu Santo prometido,
garantía de nuestra herencia
para la redención del pueblo de Dios,
y ser así un himno de alabanza
a su gloria.
Con su Biblia en mano repasamos el texto respondiendo las siguientes preguntas:
¿Cómo se presenta Pablo? v.1 ¿Qué les desea a los efesios? v.2 ¿Por qué bendice a Dios Padre? v.3 ¿Para qué nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo? v.4 ¿A qué nos destinó de antemano? v.5 ¿Qué nos ha obtenido el Hijo con su muerte? vv.7-8 ¿Qué nos ha dado a conocer? v.9 ¿Cómo llegó el proyecto salvador a su plenitud? v.10 ¿Qué hemos sido hechos en Cristo? v.11 ¿Qué seremos los que tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo? v.12 ¿Con qué han sido sellados los que recibieron la palabra de la verdad? v.13
Para comprender mejor el texto tengamos en cuenta lo siguiente:
- La ciudad de Éfeso era la capital de la provincia romana denominada Asia. Estaba situada en la costa occidental de la península del Asia Menor. Tenía un puerto marítimo importante, con una numerosa población, la hacían una ciudad muy floreciente en tiempos de Pablo.
- Aunque Pablo se presenta como el autor de esta carta al pueblo de Dios en Éfeso, su etilo y su contenido indican que fue escrita por un discípulo suyo entre los años 70-95 d.C.
- El contenido de la carta es una meditación sobre el misterio de Cristo y de su Iglesia, dirigida a la segunda generación de cristianos en Asia Menor que estaba integrada en su mayoría por gentiles.
- Presenta a la Iglesia como pueblo, familia, templo y morada de Dios. Resume sus enseñanzas sobre la Iglesia como cuerpo de Cristo. Al enfatizar que Dios es Padre de todos, da a la Iglesia una dimensión universal, con una misión hacia la humanidad entera.
2. MEDITACIÓN DE LA PALABRA ESCUCHADA
(Antes de leer esta breve reflexión conviene que cada participante comparta su meditación en el grupo)
La carta a los efesios comienza con un himno sobre la belleza del Dios que nos sumerge en su misterio y en el de nuestra vida en él. El autor desborda en sentimientos de reconocimiento y alabanza a Dios por los beneficios que tan generosamente nos ha otorgado. La bendición se dirige al Padre como fuente última de todas las gracias concedidas a los hombres. Nos movemos en Dios, quien nos abraza en su amor, pues la intimidad de Dios es la relación de amor del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
El himno proclama cómo actúa Dios en nuestra vida. El Padre nos elige como hijos desde antes de la creación del mundo y nos envuelve en su amor. Nos ha elegido para ser su pueblo y en consecuencia para que nos mantengamos sin mancha en su presencia, separados del mundo y consagrados a él. Se trata de una santidad no meramente externa sino interior y verdadera, la única que puede agradar a Dios. A la elección sigue la predestinación, ser adoptados como hijos de Dios por Jesucristo. Adopción no meramente legal sino interior y real, que nos hace partícipes de la naturaleza misma de Dios. La causa final de nuestra predestinación es la glorificación de la benevolencia y liberalidad con que Dios nos ha concedido todos los dones que nos ha otorgado por Cristo.
El Hijo nos rescata del pecado; derrocha abundantemente su sabiduría, su gracia y su inteligencia sobre nosotros, y nos hace herederos de su gloria. Cristo ha llevado a cabo la obra de nuestra redención muriendo por nosotros en la cruz. La sangre derramada es el signo de la nueva alianza y es la prueba más grande de su inmenso amor a los hombres. Dios que amó tanto al mundo que le entregó a su Hijo único, quiso llevar a cabo la obra de la redención de un modo cruento para poner palpablemente ante nuestros ojos el amor tan inmenso que Dios tiene a los hombres. Además de perdonar nuestros pecados nos ha comunicado toda sabiduría para conocer los misterios divinos y nos hadado también toda inteligencia para enseñarnos a ordenar nuestra vida práctica conforme a ese conocimiento. En Cristo Dios quiere llevar la historia hacia su plenitud constituyéndolo cabeza de todas las cosas, las del cielo y las de la tierra. Cristo es el centro de unidad y armonía de todas las cosas, y en él hemos sido constituidos de los bienes celestiales. Pero todo ello no es debido a nuestros méritos, sino a un acto libre de la voluntad de Dios.
El Espíritu Santo nos sella para la redención del pueblo de Dios y nos convierte en himno vivo de alabanza a Dios. La inhabitación del Espíritu Santo en nosotros constituye el sello y la garantía de que un día nosotros participaremos de la herencia celestial. El Espíritu Santo es el Espíritu de la familia divina, que Dios comunica a quienes ha constituido como hijos suyos y miembros de la misma familia. San Pablo quiere indicar que la vida de gracia que tenemos ya aquí en la tierra y que lleva consigo la inhabitación de Espíritu Santo, se continuará en la Patria celestial con el esplendor y la felicidad. La acción del Espíritu Santo como la del Padre y la del Hijo, tiene como fin la alabanza de la gloria de Dios.
3. COMPROMISO PERSONAL Y COMUNITARIO
- Familiarizarnos con la santísima trinidad mediante nuestra oración de cada día. Entrar en relación con el Padre, el Hijo y es Espíritu Santo.
- Agradecer a Dios Padre cada día el don de la vida, expresión de su generosidad y su grande amor por cada uno de nosotros. Agradecer también el don de su Hijo Jesucristo que murió por nuestros pecados.
- Celebrar la santa Misa dominical como verdadero memorial donde se renueva el sacrificio de Cristo en la cruz, entregándose como alimento de salvación. Comulgar con fe y manifestar con nuestras obras la comunión con Cristo.
- Poner a Jesucristo como el centro de nuestras vidas, consagrándole todo nuestro ser y trabajar por la unidad de todos los cristianos para que Jesucristo sea todo en todos.
- Invocar al Espíritu Santo de Dios todos los días de nuestra vida, pidiéndole que nos conceda la sabiduría y el conocimiento de conocer más sus misterios y vivirlos haciendo su voluntad.
4. ORACIÓN
Señor Jesucristo,
Camino, Verdad y Vida,
enciende en nuestros corazones
el amor del Padre que está en el cielo
y la alegría de ser cristianos.
Danos siempre el fuego de tu Santo Espíritu
que ilumine nuestras mentes
y despierte entre nosotros
el ardor por realizar
la misión continental
y reconstruir
en la fraternidad de nuestra patria
para que reinen en ella la justicia y la paz.
Te consagramos el país entero,
a sus gobernantes, instituciones y ciudadanos,
y te pedimos que nuestra Madre,
María de Guadalupe
nos conduzca a ser verdaderos discípulos misioneros tuyos
para que México en Ti tenga vida en abundancia.
Amén.