SUBSIDIOS

 

 

LECTIO DIVINA XXX


 

Pbro. Lic. José Luis Salinas Ledesma

Presidente de la Comisión Diocesana de Pastoral Profética

 

 

(Invocación al Espíritu Santo)

 

1. LECTURA DEL TEXTO (Rom 12,1-21) 

Les pido, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que se ofrezcan como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Éste debe ser su auténtico culto. No se adapten a los criterios de este mundo; al contrario, transfórmense, renueven su interior, para que puedan descubrir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que agrada, lo perfecto. Les digo, además, a todos y cada uno de ustedes, en virtud de la gracia que Dios me ha confiado, que no se consideren más de lo debido, sino que cada uno se considere en lo que vale, conforme al grado de fe que Dios le ha concedido. Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros y no todos los miembros tienen una misma función, así también nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo al quedar unidos a Cristo, y somos miembros los unos de los otros. Puesto que tenemos dones diferentes, según la gracia que Dios nos ha confiado, el que habla de parte de Dios, hágalo de acuerdo con la fe; el que sirve entréguese al servicio; el que enseña, a la enseñanza; el que exhorta, a la exhortación; el que ayuda, hágalo con generosidad; el que atiende, con solicitud; el que practica la misericordia, con alegría.

Que el amor entre ustedes no sea hipócrita; aborrezcan lo malo y pónganse de parte de lo bueno. Apréciense unos a otros como hermanos y sean los primeros en estimarse unos a otros. No sean perezosos para el esfuerzo; manténganse fervientes en el espíritu y listos para el servicio del Señor. Vivan alegres por la esperanza, sean pacientes en el sufrimiento y perseverantes en la oración. Compartan las necesidades de los creyentes; practiquen la hospitalidad. Bendigan a quienes los persiguen; bendigan y no maldigan. Alégrense con los que se alegran; lloren con los que lloran. Vivan en armonía unos con otros y no sean engreídos, antes bien pónganse al nivel de los sencillos. Y no sean autosuficientes.

A nadie devuelvan mal por mal; procuren hacer el bien ante todos los hombres. Hagan lo posible, en cuanto a ustedes dependa, por vivir en paz con todos. No hagan justicia por sus propias manos, queridos míos, sino dejen que Dios castigue, pues dice la Escritura: A mí me corresponde hacer justicia; yo daré su merecido a cada uno. Esto es lo que dice el Señor. Por tanto, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Actuando así, harás que enrojezca de vergüenza. No te dejes vencer por el mal; por el contrario, vence al mal a fuerza de bien.

 

Con su Biblia en mano repasamos el texto respondiendo las siguientes preguntas:

 

¿Qué pide san Pablo a los romanos? v.1  ¿En lugar de adaptarse a los criterios de este mundo qué deben hacer? v.2  ¿Cómo debe considerarse cada uno? v.3  ¿Cómo es que formamos todos un solo cuerpo? v.5  ¿A qué se deben los dones que tenemos? v.6a  ¿Cómo se deben ejercer los dones? vv.6b-8  ¿Cómo deber ser el amor entre los cristianos? v.9  ¿Cómo deben apreciarse? v.10 ¿En lugar de ser perezosos qué deben hacer? v.11  Enumera las normas de conducta de los versículos 12-16  ¿A quién se le debe hacer el bien? v.17  ¿Por qué no deben hacer justicia por su propia mano? v.19 ¿Qué obras de caridad se deben hacer con el enemigo? v.20 ¿Cómo debemos vencer al mal? v.21

 

 

Para comprender mejor el texto tengamos en cuenta lo siguiente:

 

- En esta carta que Pablo dirige a los romanos ha explicado claramente que el hombre es justificado por la fe y no por la ley. Dios hace del pecador, pagano o judío, un hombre justo.

 

- Sólo la fe de Jesucristo justifica a los hombres, judíos y paganos indistintamente. El cristiano es justificado por una decisión de Dios, es un don de la gracia divina.

 

- La identidad del cristiano no se construye sólo a partir de su esfuerzo personal, sino más bien, y en primer lugar depende de un don de Dios al enviar a su Hijo Jesucristo.

 

- Es la fe en Jesucristo la que hace que el hombre, unido a Cristo, reciba la justificación y viva como una nueva criatura.

 

- La salvación no se encuentra ya en la pertenencia al pueblo elegido (judíos), se encuentra en una decisión soberana y graciosa de Dios que el hombre recibe en la fe.

 

- Una vez justificados, los creyentes pueden hacer de su vida una ofrenda agradable a Dios.

 

- Las exhortaciones no se refieren a problemas concretos de la comunidad cristiana de los romanos, sino a todas las situaciones a las que se enfrenta el cristiano, tanto en comunidad como en el mundo.

 

- Pablo aprovecha que sus destinatarios viven en la capital del imperio, para decirles que el campo de la acción y del discernimiento cristiano, se extiende incluso a la política y para decirles que pueden vivir como bautizados viviendo su plena ciudadanía civil allí donde están.

 

- La conducta del cristiano se basa no en normas externas, sino en la experiencia de un amor recibido hasta el extremo.

 

 

2. MEDITACIÓN DE LA PALABRA ESCUCHADA 

San Pablo se dirige a los romanos con autoridad, no sólo como hermano, sino también como apóstol. Exhorta, ruega y anima. Invita a los cristianos a mantener una cierta distancia crítica con el mundo, los invita a ofrecer toda su vida como un sacrificio vivo agradable a Dios. Así se debe celebrar el verdadero culto espiritual, que compromete al hombre entero en oposición a un culto meramente exterior y formalista. No significa que el culto corporal debe desaparecer, al contrario, lo supone; pero sólo será legítimo si está penetrado por el Espíritu. El Concilio Vaticano nos recuerda que nuestra participación en el culto debe ser: plena, consciente y activa, para alabanza y gloria de Dios y santificación de los hombres. Pablo pide un cambio de corazones, una profunda renovación interior para poder distinguir cuál es la voluntad de Dios. Esto significa que la voluntad de Dios no siempre es algo evidente o claro; se debe descubrir en las situaciones de la existencia cotidianas, es necesario para ello un esfuerzo inteligente, desinteresado y fiel.

 

En la comunidad e los romanos hay algunos hermanos que poseen carismas recibidos de Dios pero que los quieren imponer a los demás. Pablo nos enseña que la comunidad cristiana es un organismo corporativo en el que cada miembro desempeña un papel complementario con respecto a los otros. No deben exigirse privilegios, el mejor signo de que se tiene un carisma venido de Dios es: diversidad y complementariedad, fidelidad y responsabilidad, humildad y servicio. Los aspectos de la vida cristiana a los que Pablo exhorta son múltiples, pero al final se sintetizan en el amor. En  realidad el amor es el concepto y la palabra clave de toda esta sección exhortativa. Siguiendo la enseñanza de los evangelios no se debe recurrir a la violencia que pone en práctica la ley del talión “ojo por ojo y diente por diente” de la antigua ética pagana. Como lo había dicho Jesús, también Pablo afirma que la autosuficiencia, la venganza, la violencia no tienen nada que ver con el camino que conduce al reino de los cielos. Pablo nos invita a renunciar, siempre que sea posible y conveniente a nuestros propios derechos por amor y por el bien del otro. No se trata de resignación perezosa o cobarde pasividad; se trata de una lucha con el arma del amor, en la que la victoria está asegurada a condición de renunciar a la violencia. Para enfrentar esta lucha hace falta mucho valor, porque se nos pide entregarlo todo, compartirlo todo, renunciar a todo, así lo hizo el Maestro. Pablo no es un ingenuo o idealista, un romántico; es profundamente realista y con los pies bien puestos en la tierra, nos invita a que “hagamos lo posible, en cuanto de nosotros dependa, por vivir en paz con todos”. La vida nueva en Cristo es la vida en el amor, es la mejor ofrenda y el culto agradable a Dios.

 

3. COMPROMISO PERSONAL Y COMUNITARIO

- Pasar de una fe afectiva (sólo de sentimientos y emociones) a una fe efectiva (comprometida con un cambio personal y social) como respuesta a la invitación que nos hace Jesús por medio de Pablo. 

- Tomar conciencia de que la fe implica a toda la persona, alma y cuerpo, el crecimiento espiritual supone el crecimiento humano.

 

- Ofrecer a Dios cada día nuestra persona y nuestras acciones, como un sacrificio sacerdotal agradable al Padre, en bien de la salvación nuestra y de todos nuestros hermanos.

 

- Participar en los sacramentos plena, conciente y activamente, no ser mudos espectadores.

 

- Comprometernos a vivir en nuestra familia y en nuestros grupos el mandamiento principal que Jesús nos dejó, el mandamiento del amor, para contribuir por el bien de nuestro mundo tan violento.

 

- Renunciar si es posible a un bien a favor de alguien más necesitado.

 

4. ORACIÓN

Señor, busco mi lugar en el mundo y a veces

no lo encuentro. Me has dado todo: ojos para

ver y gozar, oídos para escuchar y entender,

un corazón para amar y sentir, un cerebre para

aprender y pensar, manos para trabajar y acariciar,

pies para correr y bailar… ¡Tengo tanto!... y, sin embargo,

con frecuencia no sé como usarlo bien.

 

Tú me regalaste la vida y quiero corresponderte

haciendo algo buena con ella.

Permíteme descubrir tus dones, mis talentos y

carismas, para servirte con ellos en mi familia y

en mi comunidad.

 

¡Señor, gracias por darme poder para

ayudar a quienes lo necesitan!

¡Ilumíname para que sepa cómo usar mis dones

y cómo quieres que colabore en tu misión!

¡A ti toda gloria por los siglos! Amén.

 

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