
Pbro. Lic. José Luis Salinas Ledesma
Presidente de la Comisión Diocesana de Pastoral Profética
(Invocación al Espíritu Santo)
1. LECTURA DEL TEXTO (2 Cor 6,11-7,4)
Nuestro lenguaje ha sido sincero con ustedes, corintios, y les hemos abierto nuestro corazón; en él tienen ustedes amplio lugar, en cambio nosotros apenas tenemos lugar en el de ustedes. Correspóndannos de la misma manera –les hablo como a hijos– y ensanchen también ustedes el corazón. No se mezclen con los no creyentes, pues ¿qué tiene que ver la fe con la incredulidad? ¿Qué hay de común entre la luz y la oscuridad? ¿Qué acuerdo puede haber entre Cristo y Beliar? ¿Qué relación entre el creyente y el no creyente? ¿Qué unión entre el templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templo de Dios vivo, como lo dijo el mismo Dios: Habitaré y caminaré en medio de ellos; seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Por eso: Salgan de entre esas gentes y sepárense de ellas, dice el Señor. No toquen cosa impura y yo los aceptaré. Yo seré su Padre y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor todo poderoso. Y ya que tenemos estas promesas, hermanos queridos, purifiquémonos de todo lo que manche el cuerpo o el espíritu, y llevemos a término nuestra consagración, sirviendo con todo respeto a Dios. ¡Hágannos un lugar en su corazón! A nadie hicimos daño; a nadie arruinamos; a nadie explotamos. Y no digo esto para condenarlos, pues acabo de decir que los llevamos dentro del corazón compartiendo tanto la muerte como la vida. Tengo gran confianza en ustedes y estoy tan orgulloso de ustedes y tan lleno de consuelo que la alegría supera todos nuestros sufrimientos.
Con su Biblia en mano repasamos el texto respondiendo las siguientes preguntas:
¿Cómo ha sido el lenguaje de los apóstoles con la comunidad de Corinto? 6,11 ¿Cuál ha sido la respuesta de amor de los corintios? 6,12 ¿Qué respuesta piden los apóstoles? 6,13 ¿Con quines no se deben mezclar los cristianos y porqué? 6,14-16 ¿Qué dice la Escritura? 6,17-18 ¿De qué debemos purificarnos? 7,1 ¿Cuál es la razón por la que deben abrir su corazón? 7,2 ¿Cuáles son los sentimientos del Pablo hacia la comunidad cristiana de Corinto? 7,4
Para comprender mejor el texto tengamos en cuenta lo siguiente:
- Este texto es el más afectivo de la carta de Pablo a los corintios, muestra una actitud que se caracteriza por la ternura. Los lleva en el corazón.
- Los corintios no han correspondido de la misma manera a Pablo, pues ha aceptado a sus adversarios y han dudado de la autenticidad de su apostolado.
- Al hablar del corazón Pablo, quiere mostrar el gran amor y la comprensión que tiene por su comunidad. Es con ese amor paternal que se dirigió siempre a los corintios, no es como los adversarios que han dañado y se han aprovechado de la comunidad.
- Los corintios deben corresponder de la misma manera, solamente así el mensaje del evangelio será aceptado y producirá su fruto.
- La vida de Pablo, tanto en las persecuciones padecidas como en su autoabastecimiento económico –no pedía dinero como lo hacían los adversarios – son parte de la predicación de la gratuidad de la salvación y la identificación con Jesucristo.
2. MEDITACIÓN DE LA PALABRA ESCUCHADA
Con este texto Pablo termina de hablar de su ministerio apostólico a los corintios, hace un llamado a la reconciliación y los invita a ser verdaderos templos vivos de Dios. Hasta ahora Pablo se ha dedicado a explicarles a los cristianos de Corintio su sinceridad apostólica contra aquellos que lo consideran intruso; les deja claro que no es un ministro abusivo, no desea obtener ganancias materiales, no tiene intereses mezquinos sobre la comunidad de creyentes. Lo único que desea es comunicar la salvación de Jesucristo que lo llamó para ser pregonero de su evangelio. Esta reflexión es consecuencia de la actitud que han mostrado los corintios, no han permanecido fieles a las enseñanzas del apóstol, se han dejado engañar por otros predicadores que vienen a quitar la buena imagen de Pablo, no han correspondido ni distinguido el verdadero amor de aquel que vino en nombre de Cristo a llamarlos a la salvación. Ahora los invita de forma apasionada a que reconsideren su postura y se reconcilien plenamente con él abriéndoles de para en par su corazón. Esta reconciliación que pide Pablo es dirigida a algunos de la comunidad cuya fe seguramente no ha fallado, se debe más bien a malos entendidos, a falta de comunicación para aclarar dudas e incertidumbres, como sucede muchas veces entre padres e hijos, son ellos quienes se ha cerrado no es culpa del apóstol.
Quines han recibido en su corazón la salvación de Jesucristo deben hacer un cambio de vida, no se puede seguir con una conducta motivada por el pecado. Pero también es cierto se deben buscar las condiciones para no caer en el mal, por eso Pablo invita a los corintios a no mezclarse con los no creyentes, ellos viven en la incredulidad, en la oscuridad del pecado, son presa fácil de Beliar –que significa “maldad”, “inutilidad”– es decir del demonio. El no creyente se fabrica sus propios dioses y se deja dominar por ellos, el creyente consagra a Dios toda su vida y se deja mover por el Espíritu Santo, por eso es templo de Dios. Dios se manifiesta en aquellos que le han entregado su vida, en los que han aceptado la alianza de amor sellada por Jesucristo en la cruz y son fieles a ella. No se puede ser creyente en Jesucristo y también acudir a otros dioses falsos o ídolos que no tienen el poder de dar la vida sino que llevan a la muerte. Abramos nuestro corazón, como dice Pablo, a Aquel que no nos ha hecho daño, al contrario no ha dado la vida en abundancia, a Jesucristo, el Señor. Renunciemos al que nos lleva a la ruina y nos explota, al mal, al demonio que busca nuestra perdición.
Pablo explica que no les llama la atención para condenarlos, pues los ama tanto que no podría hacerles daño, más bien tiene confianza en ellos que pueden cambiar y corregir su conducta. Esta misma confianza tiene Jesús en cada uno de nosotros, espera un cambio de vida, que pasemos de la oscuridad del pecado a la luz de la gracia divina, de la muerte del mal a la vida de Dios. También hoy Jesús hoy nos corrige por medio de su Palabra pero no para condenarnos, sino para salvarnos, no hagamos oídos sordos a su voz.
3. COMPROMISO PERSONAL Y COMUNITARIO
- Corresponder con generosidad y agradecimiento a los pastores de la Iglesia que nos han comunicado el evangelio de salvación y nos alimentan con los sacramentos.
- Orar por los pastores que no han mostrado amor por el pueblo a ellos encomendado y ofrecerles nuestro afecto y ayuda cristiana antes de convertirnos en sus jueces.
- Ser generosos y amables en el servicio que prestamos en nuestra parroquia, con el fin de ganar para Cristo a muchos hermanos necesitados de su salvación.
- No actuar con intereses particulares en el apostolado que realizamos, aprendamos de san Pablo que busca el bien de la comunidad antes que el suyo propio.
- Vivir con sinceridad nuestra fe, apartándonos de todo aquello que pueda ir en contra de los valores del evangelio anunciado por Jesucristo.
- Consagrar nuestra vida y nuestro trabajo diario a Jesús.
4. ORACIÓN
“Cuán benigno ha sido el Señor,
rico de bondad y misericordia hacia nosotros.
Ha querido que nosotros orásemos delante de
Dios invocándolo como a un Padre,
y como Cristo es su Hijo, así también nosotros
somos llamados hijos suyos.
Ninguno de nosotros, se habría atrevido a decir
esta palabra en la oración,
si Él no nos lo hubiese concedido.
Debemos recordar, hermanos queridos, y saber
que si llamamos a Dios Padre,
debemos vivir también como hijos para
que, como nosotros nos alegramos de tenerlo como Padre,
así Él se complazca de tenernos como hijos.
Vivamos como templos de Dios,
para que a todos quede claro que Él habita en nosotros;
nuestras acciones no sean contrarias al Espíritu.
Una vez llegados a ser espirituales y celestes,
debemos pensar y actuar en consecuencia.
El mismo Dios Señor ha dicho:
“Honraré a aquellos que me honren
y despreciaré a aquellos que me desprecian”.
También el bienaventurado Apóstol ha escrito en su carta:
“No pertenezcáis más a vosotros,
porque habéis sido comprados a un precio muy caro.
Glorificad, por lo tanto, y llevad a Dios en vuestro cuerpo”.
San Cipriano, De Dominica oratione, n. 11.