Con grande alegría en la Parroquia de
San José se ha celebrado al Señor del Santo Entierro con la
presencia del Sr. Obispo D. Mario De Gasperin y varios sacerdotes
originarios de esa comunidad, que fueron recibidos por el Sr. Cura
Pbro. Mario Sáchez Guzmán y sus vicarios.
En el majestuoso templo parroquial,
totalmente lleno de fieles cristianos, escucharon en la homilía al
Señor Obispo:
"En la lectura primera de este
día (Cor 4, 7-15) leíamos un pasaje de la carta de san Pablo a
los corintios. Era una comunidad cristiana muy fervorosa, a
quien san Pablo quiso mucho, pero también hizo sufrir mucho al
apóstol, porque entraron ahí otros predicadores enemigos de san
Pablo y le hicieron mucho mal. De modo que en la predicación del
Evangelio San Pablo tuvo que sufrir muchas penas y por eso dice
que ese tesoro que él les anuncia, la salvación de Dios, la fe,
la bienaventuranza y la felicidad que ofrece Jesús, la gracia de
Dios ―dice san Pablo―
es un tesoro que llevamos en vasijas de barro, en pequeños
jarritos, cada uno de nosotros, lleva en su corazón el tesoro
grande del amor, de la misericordia, del perdón, de la gracia,
de la salvación de Dios, pero nosotros ―dice
san Pablo―, somos débiles, como una
pequeña olla de barro, frágilmente nos quebramos, pero el tesoro
de Dios está ahí ¿y por qué Dios permite eso?
―dice san Pablo―, para que que
nos demos cuenta de que la fuerza de la salvación no es nuestra,
sino que esa fuerza viene de Dios. Es Dios quien sostiene el
tesoro de la salvación en nosotros, la fe, la gracia que
recibimos en el bautismo. Es Dios el que hace fructificar la
Palabra de Dios en nosotros, su mensaje de salvación.
Y por eso, porque es Dios el
que nos sostiene, aunque vengan los vendavales y las
tempestades, no nos van a suprimir, a callar, a eliminar, a
destruir, porque es Dios el que nos sostiene, caemos, pero nos
levantamos, nos doblamos ―dice san
Pablo― pero no nos quebramos, porque
Dios está con nosotros, la fuerza de Dios está en sus apóstoles,
en sus discípulos, en sus seguidores. Es la maravilla de la
gracia de Dios, de la salvación de Dios, del amor de Dios
presente en nosotros. Más aún dice ―dice
san Pablo― haciéndose eco del
Evangelio que escuchamos (Lc 9, 23-26) cuando Jesús decía: 'el
que quiera venir conmigo que tome su cruz de cada día y que me
siga. San Pablo dice nosotros llevamos en nuestro cuerpo la cruz
de Cristo, llevamos las marcas de los clavos, de la lanza, de
las espinas, de las heridas de nuestro salvador Jesucristo, las
llevamos en nuestra vida, pero no nos avergonzamos de la cruz de
Cristo, sabemos que esa cruz es fuente de vida. Nosotros
sufrimos, llevamos la cruz de Cristo para provecho de ustedes,
para que ustedes crean en el poder salvador de Dios y para que
esa muerte que llevamos en nuestro cuerpo mortal se transforme
en vida, en un cuerpo glorioso como el de Jesucristo nuestro
Señor.
San Pablo tiene pues esa
experiencia de llevar la cruz de Cristo, de participar en los
sufrimientos de Cristo anunciando el Evangelio, haciendo el bien
a los demás, y va experimentando en sí en medio de tantos
sufrimientos, el gozo y la alegría de las bienaventuranzas, de
la resurrección".
Una de las historias que narran el
origen de la imagen del Señor del Santo Entierro que se venera en
San José Iturbide es:
"Un día estaba comiendo el Sr.
Cura Diego de Izeta cuando tocaron el zaguán; salió el mozo y vio
solamente una mula que llevaba una caja cargada, sin que alguien
estuviera a su cuidado. Se preguntó a los vecinos y nadie dio razón;
se puso al animal en dirección a los diversos caminos, pero
regresaba a la casa. Ordenó entonces el Sr. Cura que descargaran al
animal y le diera agua y pastura; pero con sorpresa de todos, el
animal a poco rato desapareció.
Esperó el Sr. Cura algún tiempo
sin tocar la caja para ver si la reclamaban, más no presentándose
nadie, avisó a las autoridades por si era algo comprometedor, como
dinamita o algún cadáver. Ante varios testigos se abrió la caja en
la que apareció la escultura del Señor del Santo Entierro, aunque
algo deteriorada.
En el pecho de la imagen venía un
papel que decía: 'Yo soy el Señor del Santo Entierro. Me vine de
Monterrey, porque allá me sacaron en procesión a la calle para que
cesara una peste, pero hubo personas que se burlaron e hicieron
profanaciones, por lo que me vine, y me iré también de aquí si hacen
lo mismo'.
Poco después, se presentó un
escultor pidiendo trabajo. El Sr. Cura le encomendó que retocara la
imagen del Señor. El escultor pidió que lo dejaran trabajar de noche
y que nadie lo distrajera; así se hizo, hasta dejarla totalmente
terminada; pero desapareció sin cobrar, sin tomar alimento y sin
descansar, por lo que las personas sencillas pensaron que tanto la
mula en que llegó, como el escultor que la retocó eran ángeles
enviados de Dios".
En la puerta de la actual capilla
del Señor hay un letrero que dice: 'El Ylmo. Sr. Dr. D. Ramón
Camacho, dignísimo Obispo de esta Diócesis de Querétaro, por su
decreto del 2 de Diciembre de 1870... Concedió cuarenta días de
Indulgencia por cada Credo o Padre nuestro que se rezare con las
disposiciones debidas, ante la devota imagen del Santo Entierro...".
Cuentan que en la persecución
religiosa sacaron los santos de la Iglesia a casas particulares para
evitar profanaciones, pero no pudieron sacar la del Señor porque se
les hizo muy pesada, los soldados y soldaderas no llegaron a tocarlo
porque tenían miedo y aún evitaban pasar junto a él porque les
infundía mucho respeto.
Actualmente se nota una gran
devoción hacia el Señor y se trata de profundizar más y más,
haciéndoles reflexionar en que esa postura de Cristo es de
transición de la muerte a la resurrección, resumen del Misterio
Pascual de nuestra salvación".
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