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 FIESTA DEL SEÑOR DEL SANTO ENTIERRO EN LA PARROQUIA DE SAN JOSÉ

 San José Iturbide, Gto., 5 de Febrero de 2008


Con grande alegría en la Parroquia de San José se ha celebrado al Señor del Santo Entierro con la presencia del Sr. Obispo D. Mario De Gasperin y varios sacerdotes originarios de esa comunidad, que fueron recibidos por el Sr. Cura Pbro. Mario Sáchez Guzmán y sus vicarios.

En el majestuoso templo parroquial, totalmente lleno de fieles cristianos, escucharon en la homilía al Señor Obispo:

"En la lectura primera de este día (Cor 4, 7-15) leíamos un pasaje de la carta de san Pablo a los corintios. Era una comunidad cristiana muy fervorosa, a quien san Pablo quiso mucho, pero también hizo sufrir mucho al apóstol, porque entraron ahí otros predicadores enemigos de san Pablo y le hicieron mucho mal. De modo que en la predicación del Evangelio San Pablo tuvo que sufrir muchas penas y por eso dice que ese tesoro que él les anuncia, la salvación de Dios, la fe, la bienaventuranza y la felicidad que ofrece Jesús, la gracia de Dios dice san Pablo es un tesoro que llevamos en vasijas de barro, en pequeños jarritos, cada uno de nosotros, lleva en su corazón el tesoro grande del amor, de la misericordia, del perdón, de la gracia, de la salvación de Dios, pero nosotros dice san Pablo, somos débiles, como una pequeña olla de barro, frágilmente nos quebramos, pero el tesoro de Dios está ahí ¿y por qué Dios permite eso? dice san Pablo, para que que nos demos cuenta de que la fuerza de la salvación no es nuestra, sino que esa fuerza viene de Dios. Es Dios quien sostiene el tesoro de la salvación en nosotros, la fe, la gracia que recibimos en el bautismo. Es Dios el que hace fructificar la Palabra de Dios en nosotros, su mensaje de salvación.

Y por eso, porque es Dios el que nos sostiene, aunque vengan los vendavales y las  tempestades, no nos van a suprimir, a callar, a eliminar, a destruir, porque es Dios el que nos sostiene, caemos, pero nos levantamos, nos doblamos dice san Pablo pero no nos quebramos, porque Dios está con nosotros, la fuerza de Dios está en sus apóstoles, en sus discípulos, en sus seguidores. Es la maravilla de la gracia de Dios, de la salvación de Dios, del amor de Dios presente en nosotros. Más aún dice dice san Pablo haciéndose eco del Evangelio que escuchamos (Lc 9, 23-26) cuando Jesús decía: 'el que quiera venir conmigo que tome su cruz de cada día y que me siga. San Pablo dice nosotros llevamos en nuestro cuerpo la cruz de Cristo, llevamos las marcas de los clavos, de la lanza, de las espinas, de las heridas de nuestro salvador Jesucristo, las llevamos en nuestra vida, pero no nos avergonzamos de la cruz de Cristo, sabemos que esa cruz es fuente de vida. Nosotros sufrimos, llevamos la cruz de Cristo para provecho de ustedes, para que ustedes crean en el poder salvador de Dios y para que esa muerte que llevamos en nuestro cuerpo mortal se transforme en vida, en un cuerpo glorioso como el de Jesucristo nuestro Señor.

San Pablo tiene pues esa experiencia de llevar la cruz de Cristo, de participar en los sufrimientos de Cristo anunciando el Evangelio, haciendo el bien a los demás, y va experimentando en sí en medio de tantos sufrimientos, el gozo y la alegría de las bienaventuranzas, de la resurrección".

Una de las historias que narran el origen de la imagen del Señor del Santo Entierro que se venera en San José Iturbide es:

"Un día estaba comiendo el Sr. Cura Diego de Izeta cuando tocaron el zaguán; salió el mozo y vio solamente una mula que llevaba una caja cargada, sin que alguien estuviera a su cuidado. Se preguntó a los vecinos y nadie dio razón; se puso al animal en dirección a los diversos caminos, pero regresaba a la casa. Ordenó entonces el Sr. Cura que descargaran al animal y le diera agua y pastura; pero con sorpresa de todos, el animal a poco rato desapareció.

Esperó el Sr. Cura algún tiempo sin tocar la caja para ver si la reclamaban, más no presentándose nadie, avisó a las autoridades por si era algo comprometedor, como dinamita o algún cadáver. Ante varios testigos se abrió la caja en la que apareció la escultura del Señor del Santo Entierro, aunque algo deteriorada.

En el pecho de la imagen venía un papel que decía: 'Yo soy el Señor del Santo Entierro. Me vine de Monterrey, porque allá me sacaron en procesión a la calle para que cesara una peste, pero hubo personas que se burlaron e hicieron profanaciones, por lo que me vine, y me iré también de aquí si hacen lo mismo'.

Poco después, se presentó un escultor pidiendo trabajo. El Sr. Cura le encomendó que retocara la imagen del Señor. El escultor pidió que lo dejaran trabajar de noche y que nadie lo distrajera; así se hizo, hasta dejarla totalmente terminada; pero desapareció sin cobrar, sin tomar alimento y sin descansar, por lo que las personas sencillas pensaron que tanto la mula en que llegó, como el escultor que la retocó eran ángeles enviados de Dios".

En la puerta de la actual capilla del Señor hay un letrero que dice: 'El Ylmo. Sr. Dr. D. Ramón Camacho, dignísimo Obispo de esta Diócesis de Querétaro, por su decreto del 2 de Diciembre de 1870... Concedió cuarenta días de Indulgencia por cada Credo o Padre nuestro que se rezare con las disposiciones debidas, ante la devota imagen del Santo Entierro...".

Cuentan que en la persecución religiosa sacaron los santos de la Iglesia a casas particulares para evitar profanaciones, pero no pudieron sacar la del Señor porque se les hizo muy pesada, los soldados y soldaderas no llegaron a tocarlo porque tenían miedo y aún evitaban pasar junto a él porque les infundía mucho respeto.

Actualmente se nota una gran devoción hacia el Señor y se trata de profundizar más y más, haciéndoles reflexionar en que esa postura de Cristo es de transición de la muerte a la resurrección, resumen del Misterio Pascual de nuestra salvación".

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