La
comunidad de religiosas Carmelitas Descalzas de la Ciudad Episcopal
recibió la visita del señor obispo Don Mario De Gasperín Gasperín,
para la celebración de la Eucaristía, le acompañaron Mons. Salvador
Espinosa Medina, Mons. Javier Martínez Osornio, Vicarios Generales en
la Diócesis, los Carmelitas Descalzos y los
Salesianos de Don Bosco de las comunidades de esta ciudad.
Monseñor
De Gasperín agradeció esta iniciativa y la invitación de orar juntos
en comunión, y participar del mismo pan, del mismo cáliz, del Cuerpo
y Sangre de Cristo, agradeciendo a Dios el don del sacerdocio
cristiano, regalo del corazón de Jesús al mundo. Afirmó que en la
Iglesia nos necesitamos todos, la vida consagrada de religiosas y
religiosos, la vida sacerdotal secular diocesana, y los fieles
laicos, que forman el cuerpo místico, real, maravilloso de
Jesucristo que es la santa iglesia, de la cual el Señor Jesús es la
cabeza. Expresó: "Gracias por la oración constante por los
sacerdotes en la diversidad de servicios que prestan en la Diócesis,
ellos hacen presente a Jesucristo edificando su Iglesia".
En la
homilía recordó la festividad de la "Presentación del Señor",
celebración de la Jornada de la vida religiosa. "En la Diócesis
celebramos esta jornada teniendo a las religiosas de clausura
presentes, el Papa invita a tener un especial cariño a la vida
consagrada contemplativa, es la que lleva sobre sus hombros la cruz
de Cristo en el silencio y la oración". Habló de los hombres y
mujeres consagrados que se unen en los diversos dones y carismas a
la consagración del Señor Jesucristo "el verdadero Consagrado", "Él
se consagró por el Espíritu Santo a ser hermano nuestro, y así en la
humildad de nuestra carne dio gloria al Padre".
Las
hermanas Carmelitas Descalzas renovaron su profesión religiosa manifestando el
deseo de alcanzar la perfección humana, viviendo los consejos
evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. Una a una pronunció
su nombre, signo de la respuesta individual y personal y todas
juntas pronunciaron su donación total a Jesucristo según la norma y
regla del Carmelo y sus Constituciones.
Concluyó
el Sr. Obispo con estas palabras: "Cada comunidad religiosa de
consagrados y consagradas es un inmenso regalo de Dios a su Iglesia,
por eso estamos contentos y agradecidos, que Dios los bendiga a
todos, que los mantenga en la unidad y que juntos demos gloria al
Padre del cielo de quien vienen todas las bendiciones".