GENERACIÓN 2006-2009
UNIVA: UNIVERSIDAD CATÓLICA
1. Hermanas y Hermanos: Saludo a
todos ustedes con afecto en el Señor y les agradezco su presencia en
esta celebración para dar gracias a Dios por los trabajos realizados
y felizmente concluidos por la Generación 2006-2009 de la
Universidad Católica, la UNIVA, aquí en su Plantel Querétaro.
2. Saludo con particular estima a su
Rector, Monseñor Lic. Guillermo Alonzo Velasco; al Maestro Carlos
Pérez Gómez Medina, Director General Académico y al Maestro Gustavo
Muñoz Guzmán, Director de este Plantel Querétaro; y a todos los
alumnos Graduados, a sus familiares, a los Maestros y personal
administrativo. Quiera el Señor, en su infinita misericordia,
recibir nuestra acción de gracias y, por medio de Jesucristo fuente
y origen de toda bendición, hacer fructífero su esfuerzo y trabajo
en bien de la comunidad.
3. La santa Palabra de Dios nos
ofrece hoy la conocida parábola del Sembrador, que sale a sembrar su
semilla con generosidad y abundancia, pero con resultados distintos,
según el terreno donde va cayendo la semilla. Aunque Jesús habla de
cosas del campo: de semilla, de siembra y de diversidad de terrenos,
lo hace “desde la barca”, que, como bien sabemos, es la Barca de
Pedro y que ahora se llama la Iglesia católica. Sabemos también que
la Universidad católica es una parte pequeña, pero significativa, de
esa barca y que tiene que hacerse eco de esta predicación y
enseñanza de Jesús. Desde la Universidad católica, mediante la
sapiencia y el testimonio de cada uno de sus maestros y de sus
alumnos, el mensaje de Jesús tiene que seguir resonando en el
mundo.
4. En primer lugar, debemos anotar
que la semilla es la misma, que es buena y capaz de una producción
abundante, hasta del ciento por uno. No es semilla vana ni huera; es
de primera. El mismo Jesús, en su explicación a los discípulos, les
dice que “El sembrador siembra la Palabra”, es decir, que la semilla
es la Palabra de Dios, en concreto, su Evangelio. El recibir y
aceptar la semilla significa escuchar y llegar a tener conocimiento
de la santa Palabra de Dios, lo cual es algo elemental en la vida de
un católico, para poder entender algo del “secreto del Reino de
Dios”. Es verdad, el Reino de Dios es para todos, se anuncia a
todos sin distinción, pero no todos lo entienden ni mucho menos lo
reciben. Tiene su secreto. A los que no lo entienden, Jesús los
llama “los que están fuera”, a quienes “todo les queda oscuro”, que
“mirando no ven y oyendo no entienden”. Estos, ahora, son los más.
5. El grupo de seguidores de Jesús,
los que ahora por su misericordia formamos la Iglesia, siempre
tendremos que contar con un grupo, no ciertamente pequeño, de
quienes prefieren deambular en la periferia, cerrar sus ojos,
endurecer sus oídos y permanecer en la oscuridad. Es un designio
misterioso de Dios. En alguna otra parábola Jesús los compara con la
paja que se quema al final de la cosecha, ciertamente más abundante
que el trigo, que se guarda en el granero. Ciertamente, comenta san
Agustín, aunque el montón de paja es mucho mayor que el del trigo,
en peso y valor es mucho menor. No tiene comparación.
6. Otra anotación que quisiera hacer
a este evangelio, es que el sembrador siembra, casi podríamos decir,
sin ton ni son, al voleo, con sorprendente generosidad. De hecho,
sabemos que en la primera predicación de san Pedro, todavía en
Jerusalén, lo escucharon con atención gentes venidas de todas las
partes del mundo conocido entonces, y residentes en Jerusalén, y que
se convirtieron y bautizaron unos tres mil, lo cual significa la
sorprendente siembra y fuerza de la Palabra de Dios, sustentada por
el Espíritu Santo. La palabra de Dios se esparce por todo el mundo,
hoy quizá más que ayer. No escasea su anuncio: “A toda la tierra
llega .su pregón y a todo mundo alcanza su mensaje”. Lo que escasean
son los oyentes, los que quieran escuchar el Evangelio, y esto a
diario lo podemos constatar. Nadie puede decir que no ha oído el
mensaje del Reino de Dios. Por lo menos aquí en Querétaro, el que
busca con sinceridad la salvación, tiene oportunidad de escucharla,
aunque quizá no sin sacrificio.
7. Una tercera anotación que quisiera
hacer, glosando la explicación de Jesús, es la diversidad del efecto
de la siembra, según lo que cada uno lleve en su corazón: tierra
apisonada, terreno pedregoso, espinas o tierra buena. Toda siembra
de la Palabra de Dios está expuesta a la envidia del Diablo, que la
arrebata del corazón. A esta fuerza opositora al plan salvador de
Dios, el hombre colabora con la inconstancia, que no deja echar
raíces; con la seducción de las riquezas que ahogan la semilla y
terminan por “hacerla estéril”. Esto es sin duda lo más triste para
una semilla: la esterilidad, ya que por naturaleza toda semilla es
para la fecundidad, para continuar la vida. No existe situación más
triste para un miembro del Reino de Dios, para un cristiano, que una
vida estéril. El “gris pragmatismo” de la vida cristiana, le llama
el Papa Benedicto. Los católicos grises.
8. Yo les deseo, jóvenes estudiantes
y ahora profesionistas egresados de la Universidad Católica, que
“den color”, que sean “tierra buena”, que “escuchan la palabra de
Dios, la aceptan en su corazón y dan una cosecha de treinta, de
sesenta y de ciento por uno”. Sus padres, su comunidad, su patria y
su Iglesia esperan de ustedes el ciento por uno. Dice el Papa en el
inicio de su encíclica Caritas in veritate: “La caridad en la
verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo en su vida terrenal
y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza
impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la
humanidad... Cristo es el primero y principal factor del desarrollo
humano” (CV, 1.8).
† Mario De Gasperín Gasperín
VIII Obispo de
Querétaro