Nuestro Sr. Obispo


Escudo


Cartas Pastorales


Mensajes


Homilías


Circulares


Meditaciones


Entrevistas


Reseña del X Sínodo General Ordinario de los Obispos


Viacrucis Bíblico


 

 

HOMILÍA DEL SR. OBISPO DR. D. MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN

EN LA MISA DE PASCUA EN LA BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES DE SORIANO

Soriano, Colón, Qro., 12 de Abril de 2009


¿QUIÉN NOS QUITARÁ LA PIEDRA?

1. ¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?, se preguntaban por el camino las mujeres que, con sus frascos de perfume en las manos, iban a embalsamar el cuerpo de Jesús. El Evangelio nombra a tres de ellas: María Magdalena, María la Madre de Santiago y Salomé. Estas mujeres tenían buenos recuerdos de Jesús, un rescoldo de amor en su corazón, pero estaban sin fe y vacías de esperanza. Iban a embalsamar un cadáver. 

2. Nosotros también debemos de preguntarnos ¿quién nos quitará la piedra que obstruye nuestra vida, que nos tiene sumergidos en la oscuridad, en la infelicidad? Existen muchas piedras que nos oprimen y que nos hacen dudar y debilitan nuestra esperanza. Podemos enumerar algunas: 

a) La primera piedra opresora es la ignorancia, en particular la ignorancia religiosa, que nos lleva a la superstición y a la idolatría. Ahora existe una especie de supermercado de religiones, de ofertas falsas de salvación, de curación, de remedio a los males… La ignorancia del Dios verdadero, del Dios de Jesucristo, el único Salvador del mundo, se convierte en una piedra opresora para nuestras vidas. Debemos de remover de nuestra vida y de nuestra familia la roca de la ignorancia, conociendo la Palabra de Dios, estudiando el Catecismo de la Iglesia católica e instruyéndonos con buenos libros y periódicos católicos. Un católico debe ser una persona instruida en su fe, libre de la ignorancia religiosa. 

b) Otra piedra que nos oprime es la manipulación de la verdad, sobre todo en algunos medios y ambientes. La información es un derecho de todos, que se debe respetar y la información debe ser veraz. Sólo conociendo la verdad seremos libres. No es lo ordinario. La información se convierte en negocio y suele venderse a los mejores postores: los grandes intereses económicos y a las ideologías partidistas; al lucrativo negocio de la violencia y de la pornografía. La manipulación de la verdad es una roca que oprime la inteligencia, denigra la razón y humilla la dignidad humana. 

c) Otra piedra opresora de nuestras vidas la encontramos en la llamada economía de mercado con libertad desmedida y ambición desaforada, que reparte las pérdidas y privatiza las ganancias. Este esquema perverso es una roca generadora de injusticia que se manifiesta en una situación de pobreza, de enfermedad y de muerte de países enteros y de continentes. La Iglesia ha levantado su voz reclamando respeto a todos, como lo ha hecho el papa Benedicto XVI en África. 

d) Otra piedra que nos oprime son nuestros vicios, nuestras malas inclinaciones, fruto del pecado de egoísmo y de la falta de solidaridad. Cada uno busca su provecho sin tener en cuenta a los demás, desde los altos puestos directivos hasta las acciones más pequeñas de la comunidad. Hace falta superar nuestro egoísmo y pensar en el bien de los demás, porque allí reside nuestro propio bien. Nos salvaremos en comunidad. 

e) La última piedra opresora que crece día con día es la violencia, no sólo del crimen organizado, sino también dentro de la familia: los varones golpeadores, los niños maltratados, las mujeres esclavizadas en su propio hogar o en calle. Cristo protegió a la familia, dignificó a la mujer y amenazó severamente a los pervertidores de la niñez. 

3. El Evangelio también nos habla de las mujeres que pensaban ungir un cadáver y embalsamar un muerto. Todavía existen muchos embalsamadores de Jesús y enterradores de su Iglesia. Quieren tener siempre a Jesús en el sepulcro y a la Iglesia corriendo la misma suerte. Son los que siempre están presagiando males a la Iglesia, desprestigiando a sus ministros, burlándose de la fe de los cristianos, en particular de los humildes y pregonando, como profetas de mal agüero, la desaparición de la Iglesia. Estos “sepultureros” de la Iglesia se proclaman, desde sus cátedras y tribunas, como sus verdaderos salvadores; para eso, piensan, el papa y los obispos tienen que seguir sus consejos, sus opiniones, sus gustos y sus intereses, no los del evangelio. La Iglesia, a lo largo de los siglos, ha sepultado a muchos de sus enterradores, porque la realidad, la verdad es otra: Jesús vive. El Crucificado, no está en el sepulcro, está vivo. Es el Viviente. Bajó a las profundidades del sepulcro para destruir la muerte y darnos vida.  

4. Las mujeres, símbolo de la Iglesia que busca al Señor, recobran y fortalecen su fe y la comparten con los discípulos y con Pedro. Así, la comunidad de creyentes en Jesús, comienza a formarse, a crecer y  extenderse por el mundo entero. Esa comunidad somos nosotros, la Iglesia, que aquí venimos a ver a la Madre de Jesús, ahora gozosa y gloriosa, para decirle: “Reina del cielo alégrate, aleluya, porque Jesús, a quien llevaste en tu seno, ha resucitado, aleluya”. Madre dolorosa, ahora gloriosa, ruega por nosotros. Ayúdanos a quitar todas esas piedras que nos quieren mantener dentro de la oscuridad de la ignorancia, del miedo, del engaño, del egoísmo y de la pobreza obligada. Concédenos ser libres con la libertad con que Cristo nos libertó. Haz que nuestra vida recobre la esperanza y el gozo de vivir. Porque Jesús vive, la Iglesia también vive y nosotros viviremos también. Felices Pascuas. Amén.

Mario De Gasperín Gasperín

VIII Obispo de Querétaro

Este portal diocesano es un servicio diseñado y desarrollado por la RIIAL Querétaro                                                                                            Webmaster