DOCUMENTO DE PARTICIPACIÓN
HACIA LA Va CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL
CARIBE Y LA XVIII ASAMBLEA DIOCESANA (DP)
I. DOCUMENTO DE PARTICIPACIÓN
El
documento de participación como su nombre lo indica, expone el temario
de la V Conferencia General y busca suscitar la participación más amplia
posible en esta etapa de preparación de esa hora de gracia y de conducción
pastoral. Se centra en la vocación de los discípulos y misioneros de
Cristo, llamados por Él al inicio del tercer milenio, para que nuestros
pueblos puedan saciar su sed de vida en Cristo.
Capitulo I. El anhelo de
felicidad, de verdad, de fraternidad y de paz.
El
capitulo I, se remonta a los anhelos mas profundos de nuestra existencia
como seres humanos y como bautizados. Ante el surgimiento de una nueva
época, en medio de grandes desconciertos y vacilaciones, de nuevas
expectativas y rechazos, convenía que nos remontásemos a los anhelos de
verdad y de felicidad y que los iluminásemos con la revelación de la
Antigua Alianza.
Capitulo II. Desde la
llegada del Evangelio a América Latina y el Caribe vivimos nuestra fe con
gratitud.
El
capítulo II, nos propone que tomemos conciencia de haber sido muy
bendecidos, sin merecimientos de nuestra parte, a través de la Buena
Noticia que llegó, no sin dolor, como un mensaje de esperanza a nuestras
tierras, y de los vivificantes impulsos del Espíritu Santo en esta hora de
Nueva Evangelización.
Capitulo III. Discípulos y
misioneros de Jesucristo.
El
capitulo III, nos invita a ir al encuentro de Jesucristo y a permanecer en
Él como discípulos y misioneros suyos que viven en la comunión de la
Iglesia, proponiéndonos que profundicemos el contenido bíblico y teológico
de nuestra condición de discípulos y misioneros, como también que
recorramos los caminos para convertirnos realmente en discípulos y
misioneros de Jesucristo y, para que muchos lo encuentren y le sigan.
Capítulo IV. Al inicio del
tercer milenio.
Abrir
nuestros ojos a la realidad del mundo y de la Iglesia al inicio del tercer
milenio es encontrarse con grandes desafíos. Tal es el contenido del
capítulo IV. La voz del tiempo es voz de Dios. Él nos habla a través de
los acontecimientos y de las situaciones por las cuales atravesamos en
nuestro peregrinar. Muchas de ellas son situaciones muy dolorosas, por
ejemplo, la persistencia de la pobreza; otras muestran dudas y
emancipaciones, mientras otras hablan con gratitud de la siembra de vida
nueva, de dones y carismas que el Espíritu Santo sigue haciendo en nuestra
Iglesia en América Latina y el Caribe. Ustedes evaluarán, completarán o
redefinirán con mayor precisión y amplitud estos desafíos.
Capítulo V. Para que
nuestros pueblos en Él tengan vida.
El
último capítulo se refiere a la urgencia del encargo de Jesucristo. Con Él
el Padre nos envió a hacer discípulos a todas las gentes. Nuestra misión
nos pide evangelizar la cultura de nuestros pueblos, llegando hasta sus
mismas raíces (EN 18 y 20). Es una tarea que abarca tanto a la Iglesia
como a la sociedad. Queremos que la cultura sea un espacio que acoge la
vida en Cristo, de modo que todos sean en Él hijos del mismo Padre y
vivan como familiares de Dios, llamados a al santidad, y a la alegría y la
fecundidad de la Buena Noticia. Queremos que también los pobres y
marginados puedan vivir conforme a su dignidad de hijos de Dios, y que
todos trabajemos con pasión por la “cultura de la vida”, sobre todo de la
vida de sus miembros más afligidos, siendo con todos ellos en Jesucristo
constructores de su Reino.
El texto
de este capítulo es una breve introducción al tema “para que nuestros
pueblos en Él tengan vida”. Se distingue precisamente porque se trata de
la vida “en Él”, que de Cristo resucitado toma su fuerza, su inspiración y
su estilo inconfundible; porque tiene su origen en Él, se realiza en Él y
llega en Él a su plenitud. Nos pide que reflexionemos sobre la vida nueva
en Cristo, y que realicemos la misión de la Iglesia en este tiempo de
gracia. Perseguimos una acción a favor de la vida de nuestros pueblos en
Él. Sabiendo que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida, ustedes
podrán proponer de qué manera respondemos a los desafíos del inicio del
tercer milenio con la coherencia y la valentía propias de discípulos y
misionero del Señor.
Como
podrán notar, es un capítulo que se abre decididamente al testimonio y a
la acción misionera. Es un capítulo que mira hacia la gran Misión
Continental que deseamos iniciar con la celebración de la V Conferencia
General. Dejamos este capítulo abierto a las reflexiones de ustedes y a
las contribuciones que envíen a las Conferencias Episcopales.