Hermanos presbíteros,
Hermanas y hermanos consagradas y
consagrados,
Hermanas y hermanos fieles católicos laicos.
Presentación
El 20 de Noviembre de 2006
inauguramos solemnemente, en nuestra Asamblea Diocesana, el Año de la
Pastoral Litúrgica. Nuestro deseo es acentuar
el empeño que hemos puesto en las celebraciones
litúrgicas, para que el culto que rendimos al Padre sea
en Espíritu y en Verdad
(Cf. Jn 4, 23)
como Él se merece, y la obra de santificación de los
fieles creyentes se ejerza con dignidad y eficacia mediante la santa
Iglesia en las acciones litúrgicas. Para facilitar esta tarea, y en
cumplimiento de mi oficio pastoral, les ofrezco, en la presente Carta,
los siguientes temas de estudio y reflexión, basados principalmente en
la Constitución Sacrosantum Concilium
del
Vaticano II sobre la Sagrada Liturgia. Los invito a estudiarlos
detenidamente y, desde luego, a enriquecerlos, si es posible,
recurriendo al mismo documento conciliar y a otros escritos del
Magisterio eclesiástico que les enumero al final de la Carta. Pido a los
hermanos Presbíteros, en especial a los señores Párracos, como próvidos
colaboradores de su Obispo y responsables inmediatos de la salvación de
las ovejas encomendadas a su celo pastoral, una atención especial al
culto divino y a la formación litúrgica de sus fieles. Hemos adelantado
mucho en algunos campos de la liturgia, sobre todo en el de la
participación activa de los fieles; ahora tenemos que lograr que esta
participación se realice con gran dignidad
y crezca en belleza,
es decir, en santidad,
como nos lo enseña la santa Escritura: Al Señor, nuestro Dios,
honor y majestad lo preceden, fuerza y esplendor están en su templo; la
santidad es el adorno de su casa,
magnificencia y belleza es su obra, pues Él es Santo
(Cf. Ps 96,6; 111,3; 99,3). Somos los pastores los
guardianes de la santidad de Dios, los depositarios de una riqueza
inmensa que debemos vivir y poner a disposición de los fieles
adquiridos no con oro o con plata, sino con la sangre preciosa del
cordero inmaculado, Cristo
(Cf. 1 Pe 1, 18s). Como nos advertía
el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, y es bueno recordar,
a nadie le está permitido infravalorar el Misterio
confiado a nuestras manos: éste es demasiado grande para que alguien
pueda permitirse tratarlo a su arbitrio personal, lo que no respetaría
ni su carácter sagrado ni su dimensión universal
(La Iglesia vive de la
Eucaristía, Nº 52). Con estas intenciones les ofrezco los siguientes
temas doctrinales invitándolos a profundizarlos y reflexionarlos en los
grupos parroquiales, para que el Año de la Pastoral Litúrgica sea
verdaderamente un avance hacia la cumbre
y
hacia la fuente
de nuestra vida eclesial, la sagrada Liturgia.
II. TEMAS DE REFLEXIÓN
Triple ministerio
1. El Año de la Pastoral Litúrgica
cierra el triple círculo de las pastorales que constituyen el ministerio
mesiánico de Jesús y que ejerce la santa Iglesia en su misión pastoral:
La pastoral profética, la pastoral social y, su cumbre y fuente (SC 10),
la pastoral litúrgica. En efecto, Jesucristo es el Profeta de Dios, que
tiene palabras de Dios y que anuncia la venida del Reino en su
Evangelio; Él es el Rey-Pastor, fiel servidor que entrega su vida por
sus ovejas; es, finalmente, el Gran Sacerdote que se ofreció al Padre en
el altar de la Cruz y nos dejó su sacrificio como alianza eterna. Son
los tres aspectos de su actividad mesiánica y salvadora. Nosotros ya
hemos aprendido a no separar, y mucho menos a oponer, esta triple rama
de la pastoral, sino a unirlas en el misterio de Cristo presente y
actuante en la santa Iglesia. Lo que la Palabra anuncia, la Liturgia lo
celebra y la Caridad lo vive. Lo ha dicho con meridiana claridad el Papa
Benedicto XVI: La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una
triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyría),
celebración de los Sacramentos (leiturgía) y servicio de la
caridad (diakonía). Son tareas que se implican mutuamente y no
pueden separarse unas de otras (Dios es amor, Nº 25). No nos es lícito
separar lo que Dios ha unido en su designio de salvación. Por eso hemos
hecho de la Eclesiología de comunión una de las prioridades de nuestro
Plan de Pastoral. La comunión es la fuerza de la Iglesia, la desunión su
debilidad. Todos los agentes de la pastoral contribuyen por igual al
bien de su parroquia y edifican en comunión la santa Iglesia.
Cuestionario:
1° ¿Existen estas tres ramas de la
pastoral en tu parroquia?
2° ¿Qué relación existe entre
ellas: distanciamiento, enfrentamiento o colaboración?
3° Describe y comenta lo que
entiendes por Eclesiología de comunión (Ver los números 43 y 45 de la
carta apostólica “Al Comienzo del Nuevo Milenio”).
Imagen de la Iglesia
2. La principal manifestación de la
Iglesia se realiza en la participación plena y activa de todo el Pueblo
santo de Dios en las mismas celebraciones litúrgicas, particularmente en
la Eucaristía en una misma Oración, junto al único Altar, donde preside
el Obispo rodeado de su presbiterio y ministros (SC 41). Es importante
notar que en la Liturgia tenemos la expresión “principal”, la más
completa, del misterio de la Iglesia; la comunidad cristiana —pastores y
fieles— en su forma de celebrar y vivir la sagrada Liturgia, expresa y
manifiesta la experiencia que tiene de la Iglesia. En el modo cómo
participa la comunidad, preside el celebrante, intervienen los
ministros, se recitan los textos, se escogen y entonan los cantos; en
las actitudes y comportamientos de la comunidad al celebrar los
misterios santos, se expresa la fe de cada uno de los participantes y la
imagen que tienen de la Iglesia y que trasmiten a los demás. Oramos de
acuerdo a lo que creemos: Lex orandi, lex credendi.
Recordemos que toda la comunidad es pueblo sacerdotal y que, exceptuando
la diferencia entre los ministros ordenados y no ordenados, todos los
fieles laicos son actores activos en la celebración litúrgica gracias a
su Bautismo y a la Confirmación. De la renovación de la pastoral
litúrgica depende, en gran manera, la renovación de la Iglesia. En la
correcta aplicación de la reforma litúrgica se renueva no sólo la
Liturgia sino la Iglesia y la parroquia. El año de la Pastoral Litúrgica
supone y complementa el de la pastoral profética y el de la pastoral
social.
Cuestionario:
1° ¿Qué imagen de Iglesia expresa
la Liturgia de su parroquia?
2° Cuando se ha hecho algún cambio
o escogen los textos o cantos, ¿se piensa en la Iglesia o en los
propios gustos?
3° Lea el texto del Concilio arriba
citado (SC 41) y señale los elementos más importantes que contiene.
Índole comunitaria
3. Las acciones litúrgicas no son
acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es sacramento
de unidad, es decir, pueblo santo, congregado y ordenado bajo la
dirección de los Obispos. Por tanto, pertenecen a todo el Cuerpo de la
Iglesia, influyen en él y lo manifiestan, pero afectan a cada miembro de
este Cuerpo de manera diferente, según la diversidad de órdenes,
funciones y participación actual (SC 26). La participación activa y
ordenada de los fieles en las acciones litúrgicas es un logro muy
importante de la reforma conciliar. Tiene siempre primacía la
participación comunitaria, sin negar la legitimidad de otras formas de
vivir la Liturgia. En efecto, es necesario que todos, abrazados a la
verdad crezcamos en caridad, llegándonos a Aquél que es nuestra Cabeza,
Cristo, de quien todo el cuerpo, trabado y unido por todos los
ligamentos que lo unen y nutren para la operación propia de cada
miembro, crece y se perfecciona en la caridad (Eph 4, 15-16) (LG 30).
Esta participación activa debe sustituir a la manera pasiva y muda de
“asistir” a las celebraciones litúrgicas y ayudarnos a superar el
individualismo, pues fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los
hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino
constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le sirviera
santamente (LG 9). Pero esta participación activa tiene que ser ordenada
y el moderador de la Liturgia es el Obispo diocesano. La participación
no debe confundirse con el activismo exterior, con un mero hacer cosas.
Participar en las acciones litúrgicas no consiste en que todos hagan
todo, o en hacer lo más posible, sino en que cada uno haga lo que le
corresponde, en el lugar indicado y en el momento adecuado. Se participa
presidiendo y escuchando, orado en silencio o cantando, sentado o de
rodillas, leyendo o sirviendo, etcétera, pero cada uno en su orden y
según sus atribuciones propias. Sobre todo se participa con la actitud
interior de escucha, oración, adoración, meditación y alabanza. La
creatividad litúrgica debe practicarse con prudencia y sabiduría, y por
quien verdaderamente tenga el espíritu de la Liturgia, es decir, el
Espíritu Santo. Por eso hay normas que orientan dicha creatividad, que
no debe confundirse con invenciones o modas pasajeras. Fue el Espíritu
Santo quien consagró sacerdote al Verbo eterno en el seno de la Virgen
María y el que se le comunica a cada cristiano el día de su Bautismo y
de su Confirmación para ser sacerdocio regio (Cf. 1 Pe 2,9), pueblo
sacerdotal. La Liturgia no es espectáculo, sino celebración de fe,
ejercicio del sacerdocio de Cristo, y don del Espíritu Santo.
Cuestionario:
1°
¿Cuáles son los requisitos de una auténtica participación litúrgica?
¿Por qué tiene primacía la participación comunitaria?
2° Describa el activismo litúrgico
que Usted haya presenciado alguna vez.
3° ¿Qué significa tener el espíritu
de la liturgia y poseer el sacerdocio regio o común de los bautizados?
Coméntelo.
Obra del Espíritu
4. En la Constitución sobre la
sagrada Liturgia, primicia de aquella ‘gran gracia de la que se ha
beneficiado la Iglesia en el siglo XX’, el Concilio Vaticano, el
Espíritu Santo ha hablado a la Iglesia, sin dejar de guiar a los
discípulos del Señor ‘a la verdad completa’ (Jn 16, 13), dijo el Papa
Juan Pablo II (Const. Apost. Spiritus et Sponsa,1). Tanto el
Concilio Vaticano II como su documento inicial, la Constitución
Sacrosantum
Concilium sobre la
sagrada Liturgia, son un don del Espíritu Santo a la Iglesia. Este
Espíritu Santo, que iluminó a los Padres conciliares, sigue guiando a la
Iglesia y actuando en ella mediante la fiel escucha de la Palabra de
Dios y la celebración de los misterios santos en los signos
sacramentales. Era la primera vez que un concilio ecuménico dedicaba un
documento específico a la sagrada Liturgia. Sólo quien tiene el Espíritu
de Jesucristo, como lo tiene la Iglesia, pudo emprender una obra tan
grande; y sólo quien tiene este mismo Espíritu puede aplicar
correctamente y vivir fructuosamente este gran don. El Concilio pide una
participación activa, interior y exterior, de los fieles (SC 19);
participación consciente, piadosa y activa en la acción sagrada (SC 48),
y esto no se logra sin la acción del Espíritu Santo. Un fruto excelente
del Espíritu es la alegría, como lo expresa el Papa Pablo VI al
presentar este primer documento conciliar: Exulta nuestro ánimo por este
resultado. Reconocemos el obsequio en la escala de los valores y de los
deberes: Dios en el primer lugar, la oración nuestra primera obligación;
a Liturgia primera fuente divina comunicada a nosotros, primera escuela
de vida espiritual, primer regalo que podemos hacer al pueblo cristiano,
creyente y orante con nosotros, y primera invitación al mundo para que
cambie en oración santa y veraz su lengua muda y sienta el inefable
poder regenerador de cantar con nosotros las alabanzas divinas y las
esperanzas humanas, por Cristo Señor en el Espíritu Santo (Discurso de
clausura del segundo periodo del Concilio, 4 de Diciembre 1963). Esta
alegría interior es fruto suave del Espíritu Santo, no gritería mundana
ni ruido estrepitoso.
Cuestionario:
1° ¿Por qué el Concilio y la
Sacrosantum Concilium son dones del Espíritu Santo a la Iglesia?
2° ¿Cómo se manifiesta la acción
del Espíritu Santo en las celebraciones litúrgicas de su parroquia?
3° ¿La participación en la Misa
dominical está llena de santa alegría, fruto del Espíritu Santo, o de
otro tipo de ‘alegría’? ¿Por qué muchos se aburren en Misa? Coméntelo.
El misterio pascual de Cristo
5. De dónde le viene a la Liturgia
tan grande dignidad? ¿Cuál es su contenido? ¿Qué gracia nos comunica? A
estas preguntas responde el Concilio: Por medio de la Liturgia se ejerce
la obra de nuestra redención (SC 2). La obra redentora de Cristo,
realizada en el Calvario una sola vez (Cf. Hb 10,10) y con valor
infinito de salvación, no queda en el pasado, sino que se hace presente,
se actualiza en favor nuestro mediante la sagrada Liturgia. Nosotros, al
celebrar la santa Liturgia, en especial la Eucaristía, somos testigos
presenciales y beneficiarios de su obra redentora. En efecto, esta obra
de la redención humana y de la perfecta glorificación de Dios... Cristo
la realizó principalmente por medio del misterio pascual de su
bienaventurada pasión, resurrección de entre los muertos y gloriosa
ascensión (SC 5). En la sagrada Liturgia se hace presente y operante
para nosotros el misterio pascual de Cristo, con su doble movimiento:
ascendente, de glorificación del Padre y, descendente, de santificación
del hombre. Cristo, mediante las sagradas celebraciones litúrgicas,
sigue presente en medio de nosotros; por Él damos culto al Padre en
Espíritu y en Verdad (Jn 4, 23s) y somos purificados de nuestros
pecados y santificados con su gracia salvadora. De aquí le viene a la
Liturgia tan grande dignidad. Es verdaderamente opus Dei, es
decir, obra de Dios entre nosotros mediante los signos sacramentales.
Los signos sacramentales siempre son eficaces, pero entre más claros y
transparentes sean, mejor relucirá la obra de Dios. La iniciativa
salvadora siempre tiene su origen en Dios, y nosotros estamos llamados a
asociarnos a ella, como explica el Concilio: Realmente, en esta obra tan
grande, por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres
santificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima esposa la
Iglesia, que invoca a su Señor y por Él tributa culto al Padre Eterno
(SC 7).
Cuestionario:
1° ¿En qué consiste el misterio
pascual de Cristo?
2° ¿Cuál es el doble movimiento
de la acción litúrgica de la Iglesia y cómo se lleva a cabo en su
parroquia?
3° ¿Cuál es el termino final del
culto cristiano? Coméntelo.
Las
presencias de Cristo en la Liturgia
6. Esta presencia de Cristo en las
acciones litúrgicas tiene distintos modos de manifestarse. Su presencia
es tan rica, que necesita diversos signos para expresar su plenitud. El
número 7 de la Constitución Sacrosantum
Concilium es
hermoso y consolador para nosotros: Para realizar una obra tan grande,
Cristo está siempre presente a su Iglesia sobre todo en la acción
litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona
del ministro, ‘ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el
mismo que entonces se ofreció en la cruz’ (Conc. Trid., ses. 22), sea
sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su virtud
en los sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien
bautiza. Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia
la Sagrada Escritura, es Él quien habla. Está presente, por último,
cuando la Iglesia suplica y canta salmos, él mismo lo prometió: ‘Donde
están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de
ellos’ (Mt 18, 20). Como la sagrada Liturgia no agota toda la actividad
de la Iglesia (SC 9), tampoco agota las presencias de Cristo; por eso Él
ha querido hacerse presente, además, con especial ternura, en los
hermanos más pobres, de modo que lo que con ellos hagamos a Él se lo
hacemos, o se lo dejamos de hacer (Cf. Mt 28). A estas presencias de
Cristo en la sagrada Liturgia debe añadirse la identificación de Cristo
con el hermano pobre y necesitado (Cf. Iglesia en América, 12). Así, la
pastoral social inspira y prolonga en la vida diaria la pastoral
litúrgica: hace de toda la vida una ofrenda agradable a Dios.
Verdaderamente Cristo es el Emmanuel, Dios con nosotros.
Cuestionario:
1° Enumere las diversas maneras
de la presencia de Cristo en la Liturgia: ¿Cuál de todas estas
presencias es la más singular?
2° En las celebraciones
litúrgicas de su parroquia, ¿se experimenta la presencia viva de
Cristo?
3° ¿Dónde encontramos a Cristo
en nuestra vida diaria? Lea el Nº 49 de la carta “Al Comienzo del
Nuevo Milenio”. Coméntelo.
El sacerdocio de Cristo
7. El punto central sobre el cual
gira toda la reforma litúrgica es el ejercicio del sacerdocio de Cristo.
Los Apóstoles, después de haber recibido el Espíritu Santo en
Pentecostés, no sólo predicaron el Evangelio con valentía sino que
santificaron a los fieles con los sacramentos emanados de la Pascua: el
Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía (Cf. Hech 2, 14ss). No sólo
proclamaron el misterio de la muerte y resurrección del Señor, sino que
actualizaron su presencia salvadora mediante el sacrificio y los
sacramentos en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica, la obra
de la salvación que anunciaban (SC 6), es decir, mediante el ejercicio
del sacerdocio de Cristo. Por eso añade el Concilio: Con razón, pues, se
considera la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. Y
explica: En ella los signos sensibles significan y cada uno a su manera
realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo místico de
Jesucristo, es decir, su Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público
íntegro. Y señala más adelante la grandeza de este misterio: En
consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo
sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por
excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no
la iguala ninguna otra acción de la Iglesia (SC 7).
Cuestionario:
1° ¿Puede usted elaborar una
definición de Liturgia con lo antes dicho?
2° ¿Cómo se ejerce el sacerdocio
de Jesucristo en la Liturgia?
3° ¿Puede haber alguna acción
sagrada comparable a la Liturgia?
4° ¿Cómo se expresa esa dignidad
en la Liturgia parroquial? Coméntelo.
Liturgia celeste
8. Como bien sabemos, el año
litúrgico se cierra con la solemnidad de Cristo Rey, el Señor de la
gloria que viene a juzgar a los vivos y a los muertos. Este aspecto
lleno de esperanza en la segunda venida de Cristo, es subrayado también
al inicio del nuevo año litúrgico, en la primera parte del Adviento. Una
aclamación después de la consagración en la Misa termina con el grito de
la Esposa en el Apocalipsis ¡Ven, Señor Jesús! (Cf. Ap 22, 20) y en este
mismo libro sagrado se nos refiere la Liturgia del cielo, donde el
Cordero inmolado intercede ante el Padre eternamente por nosotros junto
con todos los redimidos. Esta relación del culto cristiano que rendimos
a Dios aquí en la tierra con la Liturgia del cielo, se conoce como el
carácter escatológico de la Liturgia. Escatología quiere decir la
ciencia de las cosas últimas, de lo que sucederá cuando tenga lugar la
consumación final, al final de los tiempos. Nos enseña el Concilio: En
la Liturgia terrena pregustamos y tomamos parte en aquella Liturgia
celestial que se celebra en la ciudad santa de Jerusalén, hacia la cual
nos dirigimos como peregrinos y donde Cristo está sentado a la diestra
de Dios como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero (Cf.
Apoc 21, 2; Hb 8,2) (SC 8). Por eso el sacerdote nos invita a levantar
el corazón y a cantar el himno de los serafines con todos los coros de
los ángeles y de los santos. Lo que sucedió en el Calvario de manera
sangrienta se realiza ante el trono de Dios en el cielo de manera
gloriosa y se hace presente en el altar sacramentalmente, mediante los
signos del Pan y del Vino consagrados. Es el mismo e idéntico Cordero el
que se inmola por nosotros en el altar, en el Calvario y ante el trono
de Dios. En el altar de la iglesia se realiza el encuentro de la tierra
con el cielo, del hombre con Dios por Cristo, con Cristo y en Cristo y
el Padre recibe, por la acción del Espíritu Santo, el honor y gloria que
le corresponden.
Cuestionario:
1° ¿En qué consiste la índole
escatológica de la Liturgia?
2° ¿Cómo se hace presente el
sacrificio de Cristo en el Calvario, en el Cielo y en el Altar?
3° ¿Se experimenta en la
Liturgia de su parroquia la presencia de la Liturgia del cielo?
Coméntelo.
Cumbre y fuente
9. No debe, por tanto, extrañarnos la
siguiente afirmación del Concilio sobre la Liturgia, que se ha hecho
famosa: La Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la
Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza (SC
10). Como cumbre de la vida cristiana, dice el texto conciliar: Pues los
trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por
la fe y el bautismo, todos se reúnan, alaben a Dios en medio de la
Iglesia, participen en el sacrificio y coman la Cena del Señor. Todos
los trabajos de la semana y todas las actividades apostólicas adquieren
su plenitud cuando en la Liturgia, especialmente en la santa Eucaristía,
son ofrecidos con Cristo al Padre en el Espíritu Santo. El pan y el
vino, fruto de la tierra y del trabajo del hombre y presentados junto
con las demás ofrendas, son transformados en el Cuerpo y en la Sangre de
Cristo y ofrecidos al Padre y aceptados por Él. En la Misa del domingo,
la vida cristiana diaria adquiere un valor de eternidad. Verdaderamente
la Liturgia es la cumbre de la vida cristiana. Y, como fuente de gracia,
la Liturgia misma impulsa a los fieles a que, saciados ‘con los
sacramentos celestiales’, sean ‘concordes en la piedad’; ruega a Dios
que ‘conserven en su vida lo que recibieron en la fe’, y la renovación
de la alianza del Señor con los hombres en la Eucaristía enciende y
arrastra a los fieles a la apremiante caridad de Cristo. Toda la vida
cristiana recibe de la sagrada Liturgia la fuerza y el dinamismo para
alcanzar la salvación. Remata el texto conciliar: Por tanto, de la
Liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia
como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella
santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios a
la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin (SC 10).
Cuestionario:
1° ¿Por qué la Liturgia es
cumbre y fuente de la vida cristiana?
2° Explique cómo la vida de la
semana adquiere todo su valor de la santa Eucaristía dominical
3° ¿Qué piensa de los que no van
a Misa el domingo, de los que dicen que Dios está en todas partes y
eso basta?
4° En su parroquia, ¿cómo
aparece la Liturgia como cumbre y fuente de vida cristiana? Coméntelo.
No agota toda la riqueza de Cristo
10. No obstante tanta grandeza de la
sagrada Liturgia, ésta no agota toda la actividad de la Iglesia (SC 9),
pues la participación activa en la sagrada liturgia no abarca toda la
vida espiritual, ya que existen otras formas de entrar en comunicación
con Dios y participar de su gracia. En efecto, el cristiano, llamado a
orar en común, debe, no obstante, entrar también en su cuarto para orar
al Padre en secreto; más aún, debe orar sin tregua... llevar la
mortificación de Jesús en su cuerpo... y hacer de su vida una ofrenda
agradable a Dios (SC 12). Por eso se recomiendan también los ejercicios
piadosos que acostumbra el pueblo cristiano, guiado por el Espíritu
Santo y bajo la autoridad de sus Pastores. Es lo que nosotros conocemos
como piedad, religiosidad o devoción popular. El Documento de Puebla
la describe así: Es el conjunto de hondas creencias selladas por Dios,
de las actitudes básicas que de esas convicciones derivan y las
expresiones que las manifiestan. Se trata de la forma o de la existencia
cultural que la religión adopta en un pueblo determinado. La religión
del pueblo latinoamericano, en su forma cultural más característica, es
expresión de fe católica. Es un catolicismo popular (Nº 444). Es
necesario que estos actos de la piedad popular vayan de acuerdo con la
sagrada Liturgia, en cierto modo deriven de ella y a ella conduzcan al
pueblo, ya que la liturgia, por su naturaleza, está muy por encima de
ellos (SC 13). Esta religiosidad popular deber ser siempre evangelizada,
es decir, confrontada, purificada y vivificada por la palabra de Dios y
por la sagrada Liturgia, para evitar su deterioro y degeneración. Los
actos litúrgicos son los que se encuentran en los libros oficiales de la
Iglesia y que garantizan la correcta celebración del culto y de los
misterios de nuestra fe. Los actos de piedad popular o devociones deben
inspirarse en la palabra de Dios y en la Liturgia y como prolongarla
por las casas en la vida diaria, pero nunca ir en contra de ella ni
suplantarla.
Cuestionario:
1° ¿Por qué la Liturgia no agota
la vida cristiana?
2° ¿Cómo deben de ser las
devociones para que sean auténticas?
3° ¿Qué libros litúrgicos conoce
usted? Pida a su párroco que se los enseñe.
4° ¿Qué predomina en su
parroquia (por ejemplo en el Semana Santa), la Liturgia o las
devociones populares? Coméntelo.
Formación litúrgica
11. Como bien se ve, la celebración
de la sagrada Liturgia necesita preparación y cuidado exquisito. Es
indispensable una esmerada formación litúrgica tanto de los pastores
como de los fieles. En la Liturgia nada se improvisa ni se inventa: se
celebran los misterios de Dios y no los gustos de cada quien; por eso
está bajo la vigilancia de la autoridad eclesiástica, como lo recuerda
el Concilio: Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino
celebraciones de la Iglesia, que es ‘sacramento de unidad’, es decir,
pueblo santo congregado y ordenado bajo la dirección de los Obispos (SC
26). El Obispo debe ser considerado como el gran sacerdote de su grey,
de quien deriva y depende en cierto modo la vida en Cristo de sus
fieles. La pastoral litúrgica debe jugar un papel de primera importancia
en la renovación de la diócesis y de la parroquia. El Obispo, en su
catedral, debe ofrecer celebraciones dignas, de manera que sirvan como
de modelo e inspiración a todas las parroquias. Es el depositario y
custodio de ese tesoro de la Iglesia que son las celebraciones
litúrgicas y por eso, como enseña San Ignacio de Antioquia, que nadie,
sin contar con la autorización del Obispo, haga nada de cuanto atañe a
la Iglesia. Sólo aquella Eucaristía ha de tenerse por válida que se
celebre por el Obispo o por quien tenga su autorización. Dondequiera que
apareciere el Obispo, allí está la Iglesia, al modo que dondequiera que
estuviere Jesucristo, allí está la Iglesia universal. Sin contar con el
Obispo, no es lícito ni bautizar ni celebrar la Eucaristía (Carta a los
Esmirniotas, VIII, 1-2). Sólo dentro de la comunión con la Iglesia,
representada por el Obispo, se rinde verdadero culto a Dios. La
presencia del Obispo en las fiestas patronales no es para darles brillo
exterior, sino para confirmar la fe y hacer presente a la Iglesia en
plenitud. La concelebración eucarística presidida por el Obispo, junto
con el párroco y los sacerdotes y ministros asistentes y con la
participación gozosa de la comunidad, esa es la verdadera solemnidad. En
las parroquias, el párroco hace las veces del Obispo y, bajo su
autoridad, es el responsable del culto divino y de la santificación de
sus fieles. De aquí la necesidad de fomentar teórica y prácticamente
entre los fieles y el clero la vida litúrgica parroquial y su relación
con el Obispo. Hay que trabajar porque florezca el sentido comunitario
parroquial sobre todo en la celebración de la Misa dominical (SC 42).
Decía el Papa Juan Pablo II: La Liturgia nunca es propiedad privada de
alguien, ni del celebrante ni de la comunidad en que se celebran los
Misterios (Eccl de Euchar., Nº 52). Observar las normas litúrgicas es
una manera silenciosa pero elocuente de manifestar el amor por la
Iglesia (Ibíd.), de vivir la espiritualidad de comunión.
Cuestionario:
1° ¿Por qué es importante que
exista el sentido comunitario en su parroquia? ¿Existe de verdad?
2° ¿Cuál es la importancia de la
santa Iglesia Catedral?
3° ¿Qué buscan más los fieles,
sus gustos personales o la celebración de los misterios santos?
Describa la celebración de un matrimonio en su parroquia.
4° ¿Existe el equipo litúrgico
en su parroquia? ¿Qué formación litúrgica ha recibido usted, los
mayordomos, la comunidad?
La
importancia de la Palabra de Dios
12. Hemos dicho que en la Iglesia lo
que se proclama en la Palabra se celebra en la Liturgia y se vive en la
Caridad, y el Concilio afirma con toda claridad que la importancia de la
Sagrada Escritura en la celebración de la liturgia es muy grande (SC
24). Hay, pues, una relación estrechísima entre la Sagrada Escritura y
la Liturgia. Por eso los padres conciliares recomendaron que, si se
quiere una verdadera reforma litúrgica, se debe fomentar aquel amor
suave y vivo hacia la Sagrada Escritura que atestigua la venerable
tradición de los ritos tanto orientales como occidentales (SC 24). En
efecto, de la Sagrada Escritura se toman las lecturas que luego se
explican en la homilía, las preces, oraciones e himnos litúrgicos están
impregnados de su espíritu, y de ella reciben su significado las
acciones y signos (Ibíd.). En otro documento conciliar, en la
constitución Dei Verbum, se nos recuerda que la Iglesia siempre ha
venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo,
pues sobre todo en la liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a
sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la Palabra de Dios y del
Cuerpo de Cristo (Nº 21). La Liturgia es el lugar privilegiado donde se
escucha, se celebra y se vive la Palabra de Dios presente tanto en la
Sagrada Escritura como en la Tradición viva de la Iglesia. Los padres
conciliares nos dicen que la Sagrada Escritura merece igual veneración
que el Cuerpo de Cristo y que la mesa donde se nutre el cristiano tiene
dos panes, el Pan de la Palabra y el Pan de la Eucaristía. Por eso el
Evangeliario se coloca sobre el altar, lo mismo que el Misal. Ningún
otro libro más. El ambón es un espacio litúrgico; es la mesa donde se
proclama y parte el pan de la Palabra de Dios y allí se coloca el
Leccionario. Debe ser digno, fácilmente visible y estable y no un mero
atril improvisado.
Cuestionario:
1° ¿Por qué es tan importante la
Sagrada Escritura en la Liturgia?
2° ¿Cómo se venera la Sagrada
Escritura en su parroquia?
3° ¿Cómo prepara el Señor la
mesa del cristiano?
4° ¿Hay escuela bíblica en su
parroquia? Coméntelo.
La
Palabra se cumple y se celebra
13. Nos vamos a fijar en una frase de
la cita anterior: De la Sagrada Escritura reciben su significado las
acciones y signos de la celebración litúrgica, es decir, lo que se
celebra es lo que se anuncia y proclama en la Palabra, en la Historia de
la Salvación. Lo que se celebra en la Liturgia son hechos salvíficos,
acontecimientos salvadores que se narran en la Escritura y que se
actualizan en la Liturgia. El bautismo, por ejemplo, es una nueva
creación surgida del agua, del Espíritu y de la Palabra; un nuevo
diluvio que sepulta al mundo pecador y salva en el arca (la Iglesia) al
hombre; es el paso del mar Rojo y el paso del Jordán donde el hombre
deja de ser esclavo, adquiere su verdadera libertad y entra a la tierra
prometida, etcétera; todos estos hechos se cumplen en Cristo, en su
muerte y resurrección, su misterio pascual, como enseña San Pablo: Todo
eso acontecía en figura de lo que iba a venir (1 Cor 10,11). La Liturgia
cristiana no celebra solsticios o equinoccios, a la madre tierra, a los
signos del zodiaco o a los puntos cardinales, o gustos y sentimientos
personales por más piadosos que sean, sino hechos históricos anunciados
en el Antiguo Testamento, cumplidos en Cristo y continuados en la vida
de la Iglesia. Celebramos las maravillas de Dios realizadas a favor de
los hombres. Esta es la ley de la Historia de la Salvación y de la santa
Liturgia. Las acciones y signos litúrgicos toman su significado de la
Sagrada Escritura. Si se desconoce la santa Biblia no se entiende la
Liturgia; por eso decía San Jerónimo que desconocer la Escritura es
desconocer a Jesucristo (Comm. In Is. Prol.). Si se ignora la Sagrada
Escritura, no se comprenden los signos y las acciones litúrgicas y de
allí viene el aburrimiento como fruto de la ignorancia. Debemos de
aprender a rezar con la historia. Por eso la Iglesia pide la catequesis
litúrgica o mistagogia, la explicación y comprensión de los misterios
santos revelados en la historia de la salvación.
Cuestionario:
1° Enuncie usted los tres pasos
de la historia de la salvación.
2° ¿Cree usted que se puede
rezar con la historia? Lea el Salmo 136(5).
3° Tome usted las lecturas de un
domingo y vea la relación que existe entre la primera lectura, el
salmo responsorial, el evangelio y la antífona de la comunión. Vea
como está hecho el Leccionario.
4° ¿Hay catequesis litúrgica en
su parroquia? Coméntelo.
Piedad popular y Liturgia
14. La piedad popular consiste en las
diversas manifestaciones de índole cultural y religioso que expresan la
fe y las creencias de un conglomerado humano, no con los ritos propios
de la Liturgia sino con prácticas y formas particulares derivados del
modo de ser y de la cultura de un pueblo. Cuando los contenidos dicen
referencia a la fe cristiana y se inspiran en ella, estas expresiones
adquieren un gran valor y deben ser tratadas con respeto y aprecio, pues
manifiestan la fe del pueblo sencillo y conllevan a veces grandes
sacrificios. Por otra parte, estas prácticas piadosas suelen dejarse
contaminar con elementos supersticiosos y hasta contrarios a la dignidad
humana y al recto sentido de Dios y de su Providencia. A veces se
convierten en fuente de explotación. Por eso, la Iglesia nos invita a
revisar y confrontar dichas prácticas religiosas con la Palabra de Dios
y a relacionarlas siempre con las celebraciones litúrgicas. La auténtica
piedad popular se inspira en la Liturgia y conduce a ella; no la
contradice ni la suplanta, sino que la enriquece con su vitalidad.
Cuando se deteriora la piedad popular esto se debe, según el Directorio
sobre la Piedad Popular y la Liturgia, a tres causas principales: a) la
escasa conciencia o disminución del sentido de la Pascua y del lugar
central que ocupa la historia de la salvación, de la cual la Liturgia
cristiana es la actualización; b) la pérdida del sentido del sacerdocio
universal en virtud del cual los fieles están habilitados para ‘ofrecer
sacrificios agradables a Dios por medio de Jesucristo’ (1 Pe 2,5); y c)
al desconocimiento del lenguaje propio de la Liturgia —el lenguaje de
los signos, los símbolos, los gestos rituales... —, por los cuales los
fieles pierden en gran medida el sentido de la celebración (Nº 48). Al
no entender la naturaleza de la Liturgia, los contenidos, o sea,
misterios santos que se celebran y los signos que los expresan, los
fieles prefieren las prácticas sencillas de la piedad popular, para
ellos más significativas, que poco a poco se van deteriorando y
sustituyendo a la Liturgia. La piedad popular es un tesoro valioso, pero
frágil, que hay que cuidar con esmero y celo pastoral.
Cuestionario:
1° Nombre los actos de piedad
popular más significativos de su parroquia.
2° Analice tres de ellos y vea
si están de acuerdo con la Liturgia o no, por ejemplo la Semana Santa.
3° ¿Cuáles son los defectos o
abusos más sobresalientes, si los hay, y diga en dónde está la falla?
Coméntelo.
El año litúrgico
15. Cristo ayer y hoy, Principio y fin, Alfa y Omega.
Suyo es el tiempo y la eternidad, dice el sacerdote al adornar el cirio
en la Vigilia pascual. Cristo es el Señor de la historia humana que, por
Él y en Él, es historia de salvación. Por eso, los hechos más relevantes
de esa historia de salvación, los celebra la Iglesia durante el Año
Litúrgico. Oigamos al Concilio: La santa madre Iglesia considera deber
suyo celebrar con sagrado recuerdo, en días determinados a través del
año, la obra salvífica de su divino Esposo... En el círculo del año
desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y la
Natividad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa
esperanza y venida del Señor (SC 102). La Iglesia celebra los hechos
salvadores de Cristo, es decir, acontecimientos históricos de su vida,
como son: el hecho de la Encarnación, su Pasión, muerte y resurrección,
su Ascensión al cielo, la venida del Espíritu Santo, su Segunda venida
gloriosa, etcétera. Conmemorando así los misterios de la redención, abre
las riquezas del poder santificador y de los méritos del Señor, de tal
manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo para que
puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia
de la salvación (Ibid.). La celebración del año litúrgico actualiza toda
la obra salvadora y santificadora de Cristo en favor nuestro. Es, dice
el Concilio, un sagrado recuerdo o memorial, en el cual un hecho del
pasado se hace presente en la celebración litúrgica y se actualiza su
fuerza salvadora. Nos convierte en testigos presenciales y beneficiarios
de su gracia. Si es estrecha la puerta que lleva a la salvación, es
inmensa la gracia salvadora que se nos ofrece. El año litúrgico es como
el río de la vida que brota del costado de Cristo e inunda toda la
ciudad de Dios y las casas de los fieles.
Cuestionario:
1° ¿Qué celebra la Iglesia en el año litúrgico?
2° ¿Cómo es que la historia humana es historia
de salvación?
3° ¿Para qué se celebran los hechos salvíficos?
¿Qué es un memorial?
4° ¿Le parece exagerado que Dios le pida ser
santo? Coméntelo.
La
Pascua semanal
16. La santa
Iglesia cada semana, en el día que llamó ‘del Señor’, conmemora su
resurrección, que una vez al año celebra junto con su santa pasión, en
la máxima solemnidad de la Pascua (SC 102). La mirada se centra en el
domingo que, desde los inicios, los cristianos llamaron Día del Señor (Ap
1,10), día de Jesús resucitado, triunfador del pecado y de la muerte. El
ritmo dominical lo marcó el mismo Jesucristo con su resurrección, con
sus apariciones y con el envío del Espíritu Santo. Cada ocho días la
santa Iglesia hace memoria agradecida y gozosa de la pasión,
resurrección y gloria del Señor Jesús (SC 106), por lo cual el domingo
es considerado como la fiesta primordial y verdadera Pascua semanal (SC
48), fundamento y núcleo de todo el año litúrgico (SC 106), cuya
importancia testimoniaron los mártires que confesaron en presencia del
tribuno antes de morir: Nosotros, sin la celebración del domingo, no
podemos vivir (a. 304). El Papa Juan Pablo II nos regaló una carta
apostólica intitulada El Día del Señor, donde nos señala que en el día
Domingo los cristianos Celebramos la obra de Dios creador; el Día de la
resurrección de Cristo; el Día de la venida del Espíritu Santo o
Pentecostés; el Día de la Iglesia, reunida en asamblea de fiesta, el Día
del hombre, día de descanso, de libertad y de solidaridad y el Día de
los días, es decir, el día que da sentido al tiempo y a la existencia
humana, y que la conecta con la eternidad. Sin celebración del Domingo
no puede haber vida cristiana seria, ni una auténtica renovación de la
vida parroquial. Opiniones como la que dice que todos los días son
iguales o que van a Misa sólo cuando les nace, ignoran y destruyen la
naturaleza de la vida cristiana, centrada en el día domingo.
Cuestionario:
1° ¿Por qué el Domingo es la pascua semanal?
2° Enumere todo lo que los cristianos debemos
celebrar el Domingo.
3° Lea el Prefacio Dominical X y diga cómo será
el último Domingo.
4° ¿Cómo se celebra un Domingo en su parroquia?
Coméntelo.
El Triduo
pascual
17. Todos los años
la Iglesia celebra, con especial fervor, los misterios centrales de
nuestra fe en el llamado el Sacratísimo triduo del crucificado, del
sepultado y del resucitado o Triduo Pascual, y que inicia el Jueves con
la misa vespertina en la Cena del Señor hasta las vísperas del Domingo
de la Resurrección. Triduo Pascual no significa tres días de preparación
a la Pascua, sino que ésta se celebra en tres días en su totalidad, como
el paso de Jesús por su pasión y muerte (viernes), su santa sepultura
(sábado) hasta su gloriosa resurrección. El sábado santo es el día del
gran silencio y la Iglesia lo pasa en vela, junto al sepulcro de su
Señor. Es el día de la esperanza cristiana. Como nos enseña san Pablo
Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado (I Cor 5,7) y, por eso, canta
la Iglesia ¡Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y
nuestro gozo! (Ps 117(8), 24). A partir de este Domingo glorioso de la
resurrección del Señor la Iglesia construyó el triduo de Cristo
inmolado, de Cristo sepultado y de Cristo resucitado, cumbre y eje
central del año litúrgico. Este día solemnísimo de Pascua se preparó con
cuarenta días de oración y penitencia, la Cuaresma, y ahora se prolonga
durante cincuenta días, el tiempo pascual, que debe celebrarse como si
fuera un solo y único día festivo, más aún, como un gran domingo (NUALC
22), y que se cierra con Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre
la Iglesia. La Pascua se actualizará cada Domingo, a lo largo del año,
como pascua semanal. El Triduo Pascual es considerado, con toda razón,
como la máxima solemnidad (SC 102) de la Iglesia. Puede decirse que esta
celebración es como el termómetro para calibrar la calidad espiritual de
la comunidad creyente.
Cuestionario:
1° Describa el Triduo pascual en todos sus
elementos.
2° ¿Cómo se celebra el Triduo pascual en su
parroquia? El sábado santo, ¿es un día vacío? ¿Qué se celebra y qué se
hace en su parroquia?
3° ¿Qué se celebra durante la cincuentena
pascual? ¿Qué hizo Jesús resucitado en ese tiempo? ¿Cómo se celebra la
Ascensión del Señor?
4° ¿Qué se celebra en Pentecostés?
Dios,
admirable en sus santos
18. La riqueza del
poder santificador y de los méritos de Cristo se manifiesta en sus
discípulos mediante frutos eximios y variados de santidad; por eso, en
la celebración del círculo anual de los misterios de Cristo, la santa
Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la
Virgen María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo
(SC 103). La Virgen Santísima es el fruto espléndido de la redención de
su Hijo y, al mismo tiempo, la imagen purísima de lo que ella misma (la
Iglesia), toda entera, espera ser. Al celebrar a la Virgen Santísima la
Iglesia admira su santidad y espera llegar a ser toda entera como Ella.
Además, la Iglesia introdujo en el círculo anual el recuerdo de los
mártires y de los demás santos que, llegados a la perfección por la
multiforme gracia de Dios y habiendo ya alcanzado la perfección eterna,
cantan la perfecta alabanza a Dios en el cielo e interceden por nosotros
(Ibid). En los mártires y en los santos se cumple el misterio pascual de
Cristo, en toda su variada riqueza y en todo su esplendor: Los
Patriarcas y los Profetas, san Juan Bautista, la santa Madre de Jesús y
San José, los santos Apóstoles y los Testigos eximios de la fe: los
mártires, las vírgenes y los confesores, esparcidos por todo el orbe de
la tierra, y aquellos que nos han precedido en el signo de la fe y
duermen ya el sueño de la paz... Todo este ejército glorioso es fruto de
la obra redentora de Cristo, de su misterio pascual, modelos de vida e
intercesores nuestros.
Cuestionario:
1° ¿Por qué venera la Iglesia a los santos?
2° ¿Qué espera la Iglesia al venerar la memoria
de la Virgen María?
3° ¿Cómo se celebra en su parroquia la fiesta
patronal y el 1° de noviembre?
4° ¿Se advierte en la celebración el triunfo del
misterio pascual de Cristo? Coméntelo.
Culto
y belleza
19. En las
celebraciones litúrgicas se manifiesta de muchas maneras la belleza de
Dios: en la arquitectura, la música, la pintura, la escultura, los
ornamentos, la poesía; a veces de manera suntuosa, como en las grandes
catedrales, a veces de manera humilde, como en nuestras artes populares.
La Iglesia aprecia y cultiva la belleza para gloria de Dios: Entre las
actividades más nobles del ingenio humano se cuentan, con razón, las
bellas artes, principalmente el arte religioso y su cumbre, que es el
arte sacro... relacionado con la infinita belleza de Dios (SC 122). El
arte sacro refleja la belleza de Dios y sirve al hombre para elevarse
hasta Él. Dios hizo todas las cosas, y las hizo buenas y las hizo
bellas. Él es la Belleza increada y la creación su reflejo. El arte y la
belleza en la Liturgia no es un lujo, sino una necesidad. Esto no quiere
decir que deba ser suntuoso, sino con noble decoro: Los Obispos, al
promover y favorecer un arte auténticamente sacro, busquen una noble
belleza más que la mera suntuosidad (SC 124). La belleza siempre
comienza con el orden y la limpieza y es expresión del amor. ¿Qué es lo
que hace bella la vida de Cristo? Sin duda que su amor; sus gestos
sencillos de curar, perdonar, anunciar el Reino, caminar sobre el mar
son bellos porque reflejan su amor compasivo y misericordioso. El
siguiente criterio es importante de tener en cuenta: La Iglesia no
consideró como propio estilo artístico alguno, sino que, acomodándose al
carácter y condiciones de los pueblos y a las necesidades de los
diversos ritos, aceptó las formas de cada tiempo, creando en el curso de
los siglos un tesoro artístico digno de ser conservado cuidadosamente
(SC 123). La Iglesia no tiene un arte propio, sino que asume y recrea
todo lo noble y bello que existe en las culturas, a las que fecunda con
la savia del Evangelio. En México, la Iglesia tomó, asimiló y ennobleció
todas las manifestaciones artísticas de los pueblos autóctonos y dio por
resultado la riqueza de nuestro arte religioso y popular. Esto se llama
ahora inculturación del Evangelio.
Cuestionario:
1° ¿Por qué la Iglesia ama y cultiva la belleza
en su Liturgia?
2° Cite algunos ejemplos de arte inculturado
entre nosotros.
3° ¿Su templo parroquial y su Liturgia
resplandece con la noble belleza que pide el Concilio? Las imágenes,
¿son dignas? Coméntelo.
La música
litúrgica
20. La música es
un elemento de suma importancia en el culto cristiano, pues la acción
litúrgica reviste una forma más noble cuando los oficios divinos se
celebran solemnemente con canto (SC 113); en efecto, la tradición
musical de la Iglesia universal constituye un tesoro inestimable, que
sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque
el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o
integral de la Liturgia solemne (SC 112). Aquí se dice algo muy
importante: que la música sacra será tanto más santa cuanto más
íntimamente esté unida a la acción litúrgica (SC 112) y, por tanto,
concorde con la Palabra de Dios, que es la que marca el sentido del
misterio que se celebra. Lo importante es el misterio que se celebra y
no el gusto o sentimiento de los participantes. Las expresiones
musicales populares y regionales son válidas sólo si son capaces de
expresar el misterio salvífico que anuncian los textos sagrados. La
primacía la tiene siempre la Palabra de Dios, como expresión del
misterio divino que se actualiza en la celebración. Por eso, la Iglesia
reconoce el canto gregoriano como el propio de la liturgia romana; en
igualdad de circunstancias hay que darle, por tanto, la primacía en las
acciones litúrgicas. Los demás géneros de música sacra, y en particular
la polifonía, de ninguna manera han de excluirse, siempre y cuando se
salvaguarde la finalidad de la música sacra que es la gloria de Dios y
la santificación de los fieles (SC 113) y nuca el gusto o el lucimiento
personal. El canto sacro es una de las formas más nobles de la
participación litúrgica y el órgano de tubos el instrumento que debe
tenerse en mayor estima por ser el más apto para levantar poderosamente
las almas hacia Dios (SC 120); son aceptados otros instrumentos
musicales siempre y cuando sean aptos o puedan adaptarse al uso sagrado,
convengan a la dignidad del templo y contribuyan realmente a la
edificación de los fieles (Ibíd.). La música es el arte de los sonidos
y, cuando se dice arte, se dice belleza, armonía, buen gusto, educación
y hasta genialidad; por eso, el Concilio ordena que se de mucha
importancia a la enseñanza y a la práctica musical en los seminarios...
que se erijan institutos superiores de música sacra y que se ofrezca una
genuina educación litúrgica a los compositores y cantores. Se debe
evitar la improvisación y aquí no basta la buena voluntad.
Cuestionario:
1° ¿El coro o los cantores de su parroquia
tienen preparación musical litúrgica?
2° Los textos que se cantan en la Misa,
¿corresponden a los misterios que se celebran? ¿Quién escoge los
cantos?
3° ¿Se canta algo en gregoriano, o de polifonía?
4° ¿Alguno ha estudiado en la Escuela Diocesana
de Música Sacra?
5° Diga cómo son las celebraciones en su
parroquia: monótonas, aburridas, ruidosas... y qué se puede hacer para
mejorarlas. Coméntelo.
Espacio, tiempo,
acciones santas
21. En la Liturgia
cristiana se conjugan el tiempo y el espacio, las palabras y las
acciones, el silencio y el canto, los ritos y las oraciones que realizan
las personas aptas para ese desempeño. Allí nada es fortuito, nada se
improvisa, nada es al acaso; todo tiene su sentido y su significado. En
una palabra, la Liturgia es armonía y es orden porque es belleza; y es
belleza porque es manifestación, epifanía, de la santidad de Dios. En la
Liturgia todo gesto y toda acción está acompañado de la palabra de Dios
que se vuelve oración, súplica, alabanza, acción de gracias. Son ritos y
oraciones (SC 48) que necesitan tiempo suficiente y espacio adecuado
para desarrollarse y expresarse y que suponen educación, disciplina y
normas que deben observarse. Las rúbricas tienen por finalidad mantener
el espíritu de la liturgia, que no es obra humana sino de Dios, del
Espíritu. Hemos ya superado el ritualismo y el rubricismo, ahora debemos
vencer la improvisación y el atropello. Jesucristo necesitó de un tiempo
suficiente y de un espacio apto para anunciar su mensaje, y de símbolos
comprensibles para realizar las acciones salvíficas en favor de los
hombres. Estas palabras y estas acciones de Cristo se actualizan en la
Liturgia, en sus Sacramentos. Por tanto, la Liturgia es el espacio que
Cristo necesita para expresar su santa voluntad e invitarnos a aceptar
su salvación. Con toda verdad se afirma que los gestos que hace el
sacerdote los realiza in persona Christi, como la misma persona
de Cristo. La Liturgia terrena tiene que ser el anticipo de la que
celebra la Iglesia triunfante en la Jerusalén celestial. Lo expresamos
con las palabras de la carta a los Hebreos: Ustedes se han acercado al
monte Sión y a la ciudad del Dios vivo, que es la Jerusalén celestial,
al coro de millares de ángeles, a la asamblea de los primogénitos que
están inscritos en el cielo, a Dios, juez universal, a los espíritus de
los que viviendo rectamente han alcanzado la meta, a Jesús, el mediador
de la nueva alianza, que nos ha rociado con una sangre que habla mejor
que la de Abel (Hb 12, 22-24).
Cuestionario:
1° Al salir de Misa, ¿los fieles han
experimentado un encuentro con Cristo vivo?
2° ¿Conoce usted el significado de todos los
gestos y acciones que hace el sacerdote en Misa?
3° ¿Las celebraciones parroquiales son
ordenadas, pausadas, devotas o son lo contrario? ¿Diría que Cristo se
hace presente en la celebración de la Liturgia? Coméntelo.
La
Iglesia vive de la Eucaristía
22. La Iglesia vive
de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia
cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de
la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza constantemente,
en múltiples formas, la promesa del Señor: ‘He aquí que yo estoy con
ustedes todos los días hasta el fin del mundo’ (Mt 28,20); en la sagrada
Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la
sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única,
dice el Papa Juan Pablo II en su encíclica “La Iglesia vive de la
Eucaristía” (Nº 1). Y añade: Con razón ha proclamado el Concilio
Vaticano II que el Sacrificio eucarístico es ‘fuente y cumbre de toda la
vida cristiana’ (LG 11). La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo
el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua
y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo
(PO 5). Por tanto la mirada de la Iglesia se dirige continuamente a su
Señor, presente en el Sacramento del altar, en el cual descubre la plena
manifestación de su inmenso amor (Ibíd.). La primera comunidad cristiana
comprendió desde el principio esta maravillosa verdad, por eso, los
discípulos comenzaron a reunirse para escuchar las enseñanzas de los
apóstoles, a la comunión, a la fracción del Pan y a las oraciones (Hech
2, 42). La Iglesia nació de la Eucaristía, de la Pascua del Señor, y
vive de la Eucaristía, anunciando su muerte y proclamando su
resurrección hasta su retorno glorioso. Y concluye el Papa: Anunciar la
muerte del Señor ‘hasta que venga’ (1 Cor 11,16), comporta para los que
participan en la Eucaristía el compromiso de transformar su vida, para
que toda ella llegue a ser, en cierto modo eucarística (Ibíd. Nº 20).
Cuestionario:
1° ¿Por qué la santa Eucaristía es la “fuente y
cumbre” de la Liturgia?
2°. ¿Qué significa la Fracción del Pan? ¿Qué
otros nombres recibe la santa Eucaristía?
3° ¿Por qué la renovación de la parroquia debe
partir de la renovación eucarística? ¿Cómo puede usted hacer de su
vida una “eucaristía”?
4° ¿Cómo está en su parroquia la capilla del
Santísimo Sacramento?
La
Virgen María, Mujer “eucarística”
23. El Papa Juan
Pablo II cierra su encíclica sobre la Eucaristía con un capítulo sobre
la relación entre la Virgen María y la santa Eucaristía (Nos. 53 al 58).
Dice el santo Padre que, si queremos descubrir en toda su riqueza la
relación íntima que une Iglesia y Eucaristía, no podemos olvidar a
María, Madre y modelo de la Iglesia. Aunque la Virgen Santísima no
estuvo presente físicamente en la institución de la Eucaristía el jueves
santo, toda su vida fue “eucarística”. En efecto, aparece ya en la
primitiva comunidad cristiana con los Apóstoles concordes en la oración
(Hech 1,14) y, por consiguiente, en las reuniones eucarísticas llamadas
allí “Fracción del Pan” (Hech 2,42). Pero, toda la vida de María fue
“eucarística”, porque Ella invita a hacer lo que Él os diga (Jn 2,5), y
lo que Él ordena es haced esto en memoria mía (Lc 22, 19), es decir, a
celebrar la Eucaristía: Él, que fue capaz de transformar el agua en
vino, es igualmente capaz de hacer del pan y del vino su cuerpo y su
sangre, cuerpo y sangre formados también en el seno de María, como canta
la Iglesia: Ave verum corpus natum de María Virgine. La fe de
María en su Hijo Jesucristo es total, y la santa Eucaristía es el
Mysterium fidei, el misterio de fe, de la que María es el modelo
eximio: ¡Dichosa tú, porque has creído! Además, en la cruz, la Virgen
Santísima se ofreció juntamente con su Hijo bendito por nosotros,
sacrificio que ya había en cierto modo anticipado al escuchar al anciano
Simeón que le anunciaba que una espada de dolor atravesaría su alma,
cuando estuvo en el templo para presentarle al Señor (Lc 2, 22).
Finalmente, si la Eucaristía es un dar gracias a Dios por las maravillas
realizadas en la historia de la salvación en vistas de Jesucristo y su
obra salvadora, la Virgen Santísima en el Magnificat canta esas
maravillas realizadas en Ella y alaba al Padre por Jesús, pero también
en Jesús y con Jesús. Esto es precisamente una ‘actitud eucarística’. Y
concluye el Papa: ¡La Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida
sea, como la de María, toda ella un magnificat!
Cuestionario:
1° ¿Por qué podemos decir que María Santísima es
“mujer eucarística”? Lea todo el capítulo VI de la encíclica “La
Iglesia vive de la Eucaristía” (Nos. 53 a 58).
2° ¿Cómo puede usted hacer que su vida sea un
verdadero canto del “magnificat”?
3° ¿Cómo se imagina usted a la Virgen Santísima
en la Eucaristía de su parroquia? Coméntelo.
III. CONCLUSIÓN
La presente carta pastoral no pretende ser un curso
sobre la Liturgia cristiana, ni abarcar un temario completo sobre sus
contenidos, sino solamente subrayar los aspectos más importantes y
significativos de la celebración litúrgica e invitar a los hermanos
presbíteros y a las comisiones litúrgicas a poner todo su empeño por
vivir lo que enseña la Iglesia, adoctrinada ciertamente por el Espíritu
Santo, mediante las enseñanzas del Concilio Vaticano II y del posterior
Magisterio pontificio. Invito a todos a repasar y poner a disposición de
los fieles los documentos más importantes sobre la sagrada Liturgia,
como son: La Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosantum
Concilium, del concilio Vaticano II (1963); la carta encíclica
Ecclesia de Eucaristía del Papa Juan Pablo II (2003); la Instrucción
Redemptionis Sacramentum
de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina
de los Sacramentos (2004); el Directorio sobre
la Piedad Popular y la Liturgia
de la misma Congregación (2001) y la carta apostólica
Mane nobiscum Domine del Papa Juan Pablo II (2004), en cuyo honor y
en señal de agradecimiento por sus enseñanzas y por el luminoso ejemplo
que nos dio en las celebraciones litúrgicas que presidió tanto en Roma
como en sus memorables viajes por todo el mundo, transcribo su magnífica
introducción invitando a todos los fieles a hacer nuestros tan elevados
deseos: ‘Quédate con nosotros, Señor, porque atardece y el día va de
caída’(cf. Lc 24,29). Ésta fue la invitación apremiante que, la tarde
misma del día de la resurrección, los dos discípulos que se dirigían
hacia Emaús hicieron al Caminante que a lo largo del trayecto se había
unido a ellos. Abrumados por tristes pensamientos, no se imaginaban que
aquel desconocido fuera precisamente su Maestro, ya resucitado. No
obstante, habían experimentado como ‘ardía’ su corazón (cf. V.32)
mientras él les hablaba ‘explicando’ las Escrituras. La luz de
la Palabra ablandaba la dureza de su corazón y
‘se les abrieron los ojos’ (Cf. Ibíd... 31). Entre la penumbra del
crepúsculo y el ánimo sombrío que los embargaba, aquel Caminante era un
rayo de luz que despertaba la esperanza y abría su espíritu al deseo de
la plena luz. ‘Quédate con nosotros’, suplicaron, y Él aceptó. Poco
después el rostro de Jesús desaparecería, pero el Maestro se había
quedado verdaderamente en el ‘pan partido’, ante el cual se habían
abierto sus ojos (No 1). Pedimos
insistentemente el Señor Jesús que encienda nuestro corazón cuando
leemos las Santas Escrituras, que abra nuestros ojos a su presencia
consoladora al Partir el Pan y que nos acompañe siempre en nuestro
camino hacia la Casa del Padre.
Santiago de Querétaro, Qro.,
Solemnidad de Santa María,
Madre de Dios,
1° de Enero del 2007