¡LIBÉRANOS DE TODO MAL!
Después de llamar a sus discípulos cerca del mar de Galilea, la
acción de Jesús se concentra en Cafarnaum, ciudad situada a orillas
del lago. En este ambiente Jesús despliega su acción, que es, en
primer lugar la de enseñar. Entra en la sinagoga y siguiendo el
ritmo de la celebración, toma la palabra, seguramente para comentar,
las lecturas de la Escrituras que se habrían leído. Los presentes
quedaron muy sorprendidos de sus palabras y se dieron cuenta de que
“enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas”.
El pueblo distingue entre su anuncio y la enseñanza de los escribas,
entre su práctica liberadora y el formalismo religioso de los
escribas. Y se asombra por lo que ve en Jesús: “¿Qué nueva doctrina
es esta?”.
La autoridad de Jesús es puesta a prueba por la presencia de un
hombre que tenía un mal espíritu; ante esto se hace presente la
práctica eficaz y poderosa de Jesús contra el Mal que daña al ser
humano.
El poder del Mal está presente en el mundo y toda la actividad de
Jesús es una lucha contra el mal. El espíritu inmundo protesta
desesperado (“Has venido a perdernos”), pero la presencia de Jesús
lo priva de actuar contra la vida. Los espíritus opresores saben que
Jesús ha venido a luchar contra ellos y se resisten. El Mal sabe muy
bien quien es Jesús e intenta dominarlo pero no puede; Jesús le
increpa con valentía, y el mal sale increpando y dando coletazos.
Quien asume con Jesús, ser liberador recibirá sus golpes.
La presencia de Jesús que nos libera del mal es una realidad, y cada
uno de nosotros somos testigos de como el Señor nos ayuda a vencer
el mal; el compartir esta experiencia personal es parte del anuncio
del amor de Dios, que nos lanza a proclamar que el mal no vence
sobre el bien. En el camino de la vida espiritual los maestros de
espiritualidad nos subrayaban, “lo malo no es sentir, sino
consentir”.
La invitación es a seguir en la lucha con la súplica confiada que
repetimos tantas veces en el Padre Nuestro, “no nos dejes caer en la
tentación”… “libéranos de todo mal”.
† Faustino Armendáriz Jiménez
IX Obispo de
Querétaro