“Dios se presenta en nuestra vida como un verdadero interlocutor que
nos llama por nuestro nombre para darle sentido a nuestra
existencia”. Este es el mensaje que surge de la Palabra de Dios en
este domingo. En los textos de las lecturas, encontramos diferentes
personajes que nos muestran como Dios ha querido entrar en
comunicación con el hombre para mostrarle un proyecto diferente
capaz de re-fundamentar su vida y su existencia. En la primera
lectura vemos al joven Samuel que es llamado de noche, ayudado por
su maestro Elí, él discierne en aquella voz la llamada de Dios. La
actitud del joven es de total disposición “habla que tu siervo
escucha”. Toda la vida de Samuel será después marcada por esta
apertura a su Palabra: “él no dejó escapar ninguna de sus palabras”.
De igual manera el texto evangélico nos habla de la vocación de dos
discípulos del Bautista, Andrés y Simón Pedro, quienes estimulados
de las palabras del precursor que indican en Jesús el Mesías
esperado, aceptan su llamado y lo siguen. Uno de los dos llamado
Andrés, se hace portavoz de este acontecimiento con Pedro, quien
también se convierte en discípulo de Jesús.
Jesús al inicio de su existencia, expresa una total disposición para
llevar a término el designio que el Padre tiene para él al servicio
de los hombres. También nosotros, siguiendo las huellas de Samuel,
de los apóstoles y del mismo Jesús, estamos llamados a vivir en una
actitud de continua disposición al deseo de Dios: “Aquí estoy, Señor
para hacer tu voluntad”. Pues pertenecemos a Cristo, más aún, somos
templo del Espíritu Santo. No podemos traicionar la propia vocación
cristiana esclavizando nuestro cuerpo a cualquier tipo de pecado. La
vocación cristiana abraza y envuelve no sólo el alma y el espíritu,
sino también el cuerpo. El cuerpo, no es otro que el hombre mismo en
cuanto vive y obra en el mundo y es este hombre quien es tocado por
la redención de Cristo.
La llamada de Jesús no se termina en el primer encuentro con él en
el acto de fe. Él nos habla continuamente a través de múltiples
mediaciones. Por lo tanto, la fidelidad a la primera llamada debe
ser continuamente confirmada y se debe manifestar también en la
concreta disposición para dar testimonio de nuestra fe. Hemos visto
que aquél que escoge seguir a Cristo se convierte en su testigo y es
su misionero. Quien se escucha sólo a sí mismo, quien piensa haber
encontrado la verdad, saber todo sobre el sentido de la vida, quien
piensa sólo en las cuestiones materiales y económicas, en la carrera
o en la salud, ciertamente éste piensa que pueda existir una palabra
diferente, superior, capaz de cambiar y enriquecer siempre la propia
existencia. Naturalmente estamos orientados hacia Dios, por ello
hagamos silencio para escuchar su llamada y levantarnos como signo
de nuestro “SÍ” a lo que Él disponga.
† Faustino Armendáriz Jiménez
IX Obispo de
Querétaro